15 Mar 2005

La Vaca Margarita

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http://www.karlankas.net/blog/wp-images/vaca.jpgErase una vez una vaca llamada Margarita. Margarita vivia feliz en el redil con el resto de sus compañeras y no pensaba que hubiese nada fuera que mereciera la pena más allá de la verja que delimitaba su pequeño mundo. Cada mañana recorría orgullosa la basta extensión de terreno que componía su mundo perfecto y se fijaba en todos los cambios que pudieran haberse producido: La caida de un árbol, la aparición de nuevas aves en los árboles, el amarilleo de la hierba… nada pasaba desapercibido a tan feliz vaca.

Tras ese paseo rutinario se pegaba un desayuno de pasto digno de las más sagradas vacas de la India. Nunca había estado allá, pero sabía que en ese pais era en el único en el que se les hacía un poco de justicia. Con la de sacrificios que tenían que correr las vacas por culpa del hombre! Lástima que dicho respeto se prodigara en un país tan pobre. Aunque a ella no le preocupaba porque en ese redil tenía todo lo que podría desear: Sol, pastos, cariño… hasta estaba ese toro bravo que tanto la miraba: Mosquitero. Margarita era,como hemos dicho, una vaca feliz en todos los aspectos.

Una mañana se levantó y se dió su paseo habitual. Cuando pasó la vieja encina descubrió una cosa que nunca había visto: el cercado se había roto y dejaba un hueco por el que ella podría pasar perfectamente. No es que fuera flacucha, pero el hueco era tan grande y ella tan ágil y habilidosa que si hubiese querido habría podido pasar. Cuando iba a hacerlo, cuando iba a acercar el hocico a la abertura, recapacitó y pensó “¿por qué voy a salir? Si aquí tengo todo lo que podría desear! Y reculando siguió su paseo como todos los días. Cuando se tumbó en el prado, mascando los restos de hierba que aún no había digerido, no pudo evitar seguir dándole vueltas en la cabeza a su sorprendente hallazgo. Y se puso a fantasear con la idea de salir a ver cómo era el mundo exterior. podría salir un poco… ir a la India un momentito para ver cómo tratan a las vacas y volver. Probablemente estaría de vuelta para la hora de la siesta. No tenía ni idea de dónde estaba semejante Pais ni cómo llegar a él pero no podía estar muy lejos si había vacas. Ella sólo había visto vacas en el redil por lo que debía estar muy cerca. Claro, que bien pensado, nunca había estado en otro sitio que no fuera el redil.

De pronto se enfadó consigo misma, “Pero cómo puedo pretender escaparme de aquí!? Tengo todo lo que podría desear!”. Pero de pronto una voz de su interior le dijo “Tienes todo lo que conoces, nada más. No puedes desear algo que no conoces”. La vaca miró al infinito con cara de asombro. Si un humano hubiese pasado por delante no habría notado dicha cara de asombro ya que para el hombre la vaca siempre tiene cara de aburrimiento. Esto es porque no se fijan bien. Las vacas tienen muchas formas de expresar sus estados de ánimo. La cara de sorpresa se nota en seguida por la pigmentación un poco más clara del blanco de los ojos y porque dejan de mascar por un momento. El caso es que se puso a meditar en eso que había oido. Es cierto que no conocía más de lo que tenía, pero se le antojaba bastante. “¿Qué otra cosa puedo estar perdiendo?” preguntó temerosa la vaca. “La libertad!!” contestó la voz. La vaca no cabía en sí de la sorpresa, llevaba tanto tiempo sin mascar que el resto de las vacas la miraban preocupadas (la preocupación se muestra entre las vacas moviendo las orejas mientras se mira a la causa de la preocupación). Margarita, ajena a la espectación que estaba causando pensó “La libertad? quién necesita la libertad? si salgo de aquí probablemente moriré. Nadie cuidará de mí!”. Inmediatamente la voz le dijo “Eso no lo sabrás hasta que no lo pruebes. No pienses en lo que puedes perder, que no son más que argollas que te atan, sino en lo que puedes ganar”. La vaca, que realmente siempre le había atraido la idea de ser tratada como una reina en la India, se dejó convencer sin comprender aún muy bien el significado de esa palabra “Libertad”.

Se levantó, fue al hueco de la valla y lentamente, disimulando como sólo una vaca sabe hacer, fue saliendo. Cuando estuvo fuera miró al cielo. Fuera de la alambrada el sol parecía brillar más, Miró alrededor y decidió empezar a andar en dirección opuesta al hueco de la valla.

El camino era pedregoso y en cuesta y costaba avanzar, pero Margarita, pensando que al otro lado podría encontrarse la India redobló sus esfuerzos no queriendo pensar en el cansancio. Cuando hubo subido miró hacia atrás. Desde donde estaba podía ver un paisaje magnífico, con altos montes y bosques llenos de árboles y verde por todas partes. En medio de todo se veía el cercado. Era una pequeña gota gris en medio de un mar de vida. “Qué ciega he estado todo este tiempo!” pensó entre jadeos la vaca. Y siguió trotando por el campo, deseando alejarse de lo que hasta ese momento había sido su universo perfecto. Camino de la India. Camino de la Libertad.

¿Y qué le pasó a aquella vaca? Cuentan que tuvo que aprender a dormir a la intemperie, a esconderse de los lobos (no sé cómo se puede esconder una vaca, pero eso es lo que dicen) y que conoció a muchos animales de los que ni siquiera había oido hablar. No se sabe si llegó a la India, pero según parece, Margarita se olvidó pronto de la India. Ya que descubrió que la donde quería realmente ir era…. ¿A dónde descubrió Margarita que quería ir?







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