Ayer fue uno de esos días cansados cansados. Y no lo fue por el exceso de trabajo o por recorrer corriendo todo el paseo de la castellana. Fue cansado por el maldito calor que hizo antes de ayer por la noche. Re sulta que hacía tanto calor que me fue dificil conciliar el sueño. Llegados a este punto, como tenía que levantarme a las 6.30 a.m. (Dios mío! Cada vez que lo leo no me lo creo… ¿yo levantándome a esas horas?) pues dormí más bien poco.
Tras este breve sueño conduje mi magnífico Opel Astra (lo que no entiendo es que Opel sea de General Motors, es decir, Americana y sin embargo lo vendan como alemana… claro que debe de ser como SEAT, que lo venden como español y en realidad es alemana. Y es que en el mundo de los negocios poco hay auténtico… hasta el Gazpacho Alvalle es de Pepsi… no sé hasta donde vamos a ir a parar!!), el caso es que llegué hasta mi lugar de trabajo a las 8 de la mañana, olvidando que tenía que ir a trabajar esa tarde. Horror! tenía que haber entrado a las 9.30!! Ya vuelvo a tener 9 horas de jornada laboral!! Y ya solo pensar esto uno se va cansando. Luego además con la preocupación de tener que hacer la declaración de la renta. Pensando uno si le saldrá a pagar o a devolver… inventando mil triquiñuelas para conseguir el dinero en caso de tener que pagar…
El caso es que con esos pensamientos peregrinos y el trabajo uno fue pasando la mañana. Por fín llegó la hora de comer. Momento que aproveché entonces para ir a comer con mis queridos amigos Luis y Jaime. Nacho (el tercero con el que solemos quedar a comer… bueno, más bien es el cuarto porque Luis, Jaime y yo… ya somos 3. Claro que queda feo no ponerme a mí el último… casi mejor que digo el primero y así quedo fenomenal. Eso es!) no pudo ir porque tenía rehabilitación de la mano. ¿Que por qué tenía rehabilitación? ¿Que qué le ha pasado? No nos lo ha querido decir, pero yo tengo una teoría:
Resulta que el otro día perdió todos los datos de su ordenador. Fue a instalar un programa y resulta que en vez de hacer el proceso habitual que todos hacemos :
aceptar->siguiente ->siguiente ->siguiente ->siguiente ->Terminar
hizo otro camino del tipo de :
aceptar ->siguiente ->siguiente ->Atrás ->Siguiente ->siguiente ->siguiente -> Migas de bocadillo de chorizo sobre el teclado ->limpieza de espacio inter-teclado con la lengua -> calambrazo en la lengua -> reinico del ordenador para evitar el cortocircuito -> pérdida de información del disco duro
Y claro, dolorido aún por el calambrazo intentó recuperar la información sin ningún éxito. Y ante tal desesperación golpeó con toda su fuerza (que es mucha) la puerta de la caja de caudales de su despacho (sita en un emplazamiento secreto que no voy a desvelar, pero que diré que no es detrás del tercer cuadrito de la pared de la derecha de su despacho según se entra por la puerta que da a la sala de espera…). Y claro, sus tiernas falanges, lejos de resistir el embite decidieron claudicar ante tal golpetazo llegando alguna, incluso, a partirse; aunque, según comentan las malas lenguas, lo hicieron solo para hacerse notar. Nacho que es una persona inteligente, en seguida se dió cuenta de uqe lo que hizo fue una tontería, así que se avergonzó por dos cosas: por haber roto la caja de caudales y por comprar una caja de caudales tan endeble que se puede romper con un simple puñetazo).
Como podeis imaginar, cuando le llamamos para ver si podía quedar para comer contestó como pudo -con la lengua todavía dormida por el calambrazo y la mano hecha una estatua de Chillida- haciendonos ver que iba a ser imposible. Así que sólo comimos en el vips de lópez de hoyos con velázquez (a parte de un montón de gente que no conocíamos) Jaime, Luis y yo.
Y la verdad es que fue una suerte para Nacho que no pudiera venir, porque nos tuvieron un montón de tiempo esperando. Eso sí, la niña que colocaba a los comensales que iban llegando era muy simpática, pero llegó a desesperarnos de manera sinigual:
- Mirad chicos, es que la cocina está a tope y me han dicho que no se puede pasar a más gente al comedor.
- Ya, pero es que llevamos 45 minutos esperando de pie!
- Si lo sé, pero son ordenes de arriba -nos dice con cara de no poder luchar contra los elementos. Lo que tampoco nos dice es que si los de “arriba” están sentados o no. Apuesto a que sí.
- Ya, pero y si nos sientas y prometemos no pedir nada hasta dentro de 10 minutos?
- No, lo lamento! Va a ser imposible! -En ese momento a Luis le da un vahido por falta de cerveza en su cuerpo… bueno, por falta de cerveza y por exceso de calor!
-Pero…
- Que no, jopetas! Que os espereis!! -conscientes del deshonor que supondría retirarnos a comer a otro restaurante siendo los primeros en la fila y habiendo estado esperando 45 minutos, decidimos mantener nuestras posiciones. Al cabo de 2 minutos (vaya si trabaja rápido la cocina) nos sientan en una mesa. Tras comer como si no lo hubiesemos hecho en la vida aplaudimos la valentía de Luis al pedir unos “Muslos de pollo rellenos de arroz salvaje” (criptico nombre que, tras el mismo, se escondían unos muslos de pollo con arroz brillante) ya que por lo visto estaba muy bueno.
Tras la comida, el trabajo vespertino y tras este me fui a buscar a Maribel al trabajo. Gracias a Dios no había casi atasco y llegué en un pispas. La vuelta también fue rápida. Fuimos a Alcampo y compramos un ventilador, unas alfombrillas para el coche, 4 botellas de cocacola light de 2 litros y un ambientador de salón. Si la cajera hubiese tratado de encontrar una relación entre tales objetos o desprender una pauta de comportamiento por la compra de los mismos probablemente se habría vuelto loca. Tras comprar las alfombrillas las puse en el coche. Por fín tengo alfombrillas nuevas!! No son demasiado bonitas pero el pie no se me engancha que es lo importante. Al sacar las antiguas me hice una idea muy aproximada de lo que siente un arqueologo al desenterrar algo realmente antiguo… que barbaridad! qué viejas estaban!
Felices por las compras realizadas nos fuimos a tomar una cocacola y a hablar un poco de las cosas estas que nos son de interés. Tras lo cual nos fuimos a casa. Allí vi la película de “13 días”. Recreación de la crisis de los misiles que me tuvo enganchado hasta que terminó a las 00:45, momento en el que Miguel me dijo: “¿Hacemos la declaración de la Renta?” Sabedor de que hoy era el último día para su presentación decidí que tal vez sería la mejor opción a pesar de la hora.
Tardamos menos de lo previsto en hacerla gracias a la magnífica historia del certificado digital. El programa para ayudar a hacer la declaración se conecta a Hacienda, descarga tus datos y los plasma en la declaración. Hay detalles que no hace del todo bien, pero para una declaración estandar es perfecta. A Miguel no le pareció tan bien porque le salía a pagar. Estuvimos buscando las vueltas para que no le saliera a pagar pero no hubo solución. El único problema fue el intentar pagarlo por internet. Nos dijo que sólo estaba operativo de 2 de la mañana a 23 horas. Eran las dos menos cuarto por lo que decidimos esperar y mientras hacer la mía.
A mi me salió a devolver, pero el programilla no incluyó mis cuotas a la mutua de abogados, por lo que tuve que introducirlo yo, así como mis cuotas al colegio de abogados. Tras arreglar esto salió a devolver una cantidad que hará que afronte mi veraneo con dinero de bolsillo (vamos, que me dará para un par de helados).
Hecho esto decidimos conectarnos para pagar la de Miguel. Primero que si teniamos que introducir un código del banco, luego que si no lo tenías, pagarlo por domiciliación. Pero resulta que el Banco de Miguel no estaba incluido en la lista, por lo que optamos por pagar con tarjeta. Yo pensaba que la tarjeta VISA era la tarjeta VISA sin mas, pero no… había que poner el banco emisor de la misma ¿Y si era una AMEX? ¿Y si no estaba en la lista tu banco? Pues nada, te habría tocado hacer lo que a Miguel, imprimirla y llevarla hoy al banco. Pero y si la impresora no imprime? ¿Os ha pasado alguna vez el que la impresora no imprima a las 2 de la mañana? Es realmente desesperante! lo intentamos de todas las maneras y nada. Al final tuvimos que sacar el cartucho y limpiar la boquilla con after shave de La Toja (os lo recomiendo! va muy bien para estas cosas y deja el papel impreso con un estupendo olor).
El caso es que a las 2.40 logramos tenerlo todo listo. Parece que Hacienda no se conforma con quitarnos el dinero, sino que además nos quiere quitar el sueño. Y cuando tenga Miguel que ir a hacer cola para pagar la declaración, también nos quitará el tiempo. Como los señores grises del libro de Momo. Así que no me hago responsable del estado en el que pueda encontrarme hoy.
Y es que… Hacienda somos tontos!






