24 Jun 2004

Vida sin coche. Día 1

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Ya, ya sé que llevo menos de un mes conduciendo y que eso frente a mis 32 años como peatón no son nada. Pero uno se acostumbra a… los vicios! Iba a decir a lo bueno pero no es cierto.

El conducir no es bueno. Saca lo peor del personajillo que llevamos dentro. Los que me conoceis personalmente sabeis que procuro ser muy correcto en el hablar. No me gusta decir tacos ni insultar de forma grosera. Más bien todo lo contrario, suelo pasar por alto afrentas para no tener que ejercitar ese dificil arte de hablar cada vez más alto y amenazar de la misma manera que los políticos prometen (cada vez más convencido y con menos posibilidades de complimento). Si acaso insulto procurando que la persona insultada no se de cuenta hasta pasados 2 minutos de que la amable frase que le había dicho era un insulto. El caso es que soy muy mojigato en el habla… o debo decir “era” porque en cuanto me monto en el coche me transformo en un ser totalmente distinto. Grito, insulto de manera clara y directa, tanto a la persona en cuestión (¡¡Gilipo*as!!)como de manera indirecta (¡Mira Maribel, ese es un Gilipo*as!). Y la verdad es que me sorprende hasta a mi semejante actitud. El otro día me pillé en un semaforo para peatones pensando que para qué habría salido de casa esa ancianita que cruzaba a tres metros por minuto. Y es que no es bueno!!

Por eso me alegré ayer por la mañana cuando ví que no podría sacar el coche. Fui a trabajar en el autobús, como antiguamente, ví con agradable sorpresa, que no hacía mucho calor dentro. Pero comprobé con desagrado que no había música y que la gente me rodeaba de una manera del todo agresiva. Los más antiguos conoceis lo mucho que me desagrada el que las personas a las que no conozco de nada se mantengan a una distancia de mi de menos de 10 centímetros. Y ayer por la mañana esas pesadillas, esos trances sufridos en el pasado y que creia muertos resucitaron cual extra del video de thriller y me persiguieron durante todo el camino de ida hasta casa de mi madre. Como veis el coche se está volviendo una droga de dificil cura.

Y fui a casa de mi madre para sacar a Chufa a dar un paseo. La pobre me esperaba con las patas abiertas y con la lengua llena de babas especialmente generadas y preparadas para mojarme el dorso de la mano y el pantalón. Tras darle la vuelta y devolverla a casa, me fui al trabajo donde tuve que comentar lo que le había pasado al coche. Y ya tengo una lista de, lo menos, 15 cosas que le ha podido pasar al coche. Porque todo el mundo opina: Los manguitos, la bomba del agua, el sistema eleéctrico de la bomba (no sé si tendrá relación con la anterior), el radiador, la junta de culatas, el depósito del agua picado… Eso por no hablar de los consejos dados! De todos ellos me quedo con el de “procura que el coche no se caliente mucho porque si no estasa cosas te ocurren”. Es genial. Es como si te dicen “Procura que el corazón no deje de palpitar porque si no te puedes morir”. En cualquier caso me dieron instrucciones precisas para que en el taller no pensaran que soy un pardillo. Pero la verdad, me cuesta que no crean que lo soy. En cuanto me vean aparecer con mi coche y vean la L en el cristal de atrás del mismo…. Vamos, o soy un actor consumado y me pongo a inventar que es la L de mi hermana Federica-Eugenia que está de vacaciones por el Orinoco y que se la dejó olvidada en mi coche ooo… que Dios me pille confesado porque me van a a meter la clavada.

Tras trabajar muy duramente me fui a comer con Jaime y la familia Sanchez Gerona al completo. Estuvimos en Filo. Fue una comida de lo más agradable. en la que Jaime me dió la invitación para su boda (por fín coincidimos con la misma en su poder!) (Sí, Maribel, se me olvidó comentartelo… :$). Tabién tuvo un momento agridulce cuando Luis me devolvió, puntualmente, la carátula de mi radio. Es duro recibir lo que uno tanto ha ansiado con el convencimiento de que no va a servir para nada.

Tras la comida me fui a casa con el firme propósito de llevar el coche al taller. Tanto es así que antes de llegar a casa pasé por el taller para preguntar si admitirían el coche. Al encargado de la oficina al verme llegar y preguntar se le puso la cara que se pone cuando se contesta una pregunta a un niño de 5 años, mezcla de divertimento y comprensión. Me sonrió sólo con los colmillos de abajo y me dijo que no habría ningún problema en revisar mi coche. Me dió miedo. Hasta tal punto que no lo llevé. Preferí quedarme en casa dormitando un poco. Lo llevaré hoy!

Más tarde quedé con Maribel para tomar una cocacola. Cocacola previa a mi cita con mi amiga Verónica a la que hace bastante tiempo que no veo y con la que me apetecía mucho hablar. En mitad del refrigerio me llamó la susodicha para decirme que le venia un poco mal porque tenía una cena, por lo que me quedé sin nada que hacer hasta las 10.30 porque Miguel (mi amigo y compañero de piso) tenía una reunión en casa que terminaría más o menos a esa hora. Y qué hacer desde las 9 hasta las 10.30? pues me fui a Alcampo a c0tillear un poco.

La verdad es que los Hipermercados son un mundo aparte, son una ciudad en sí misma, con grupos claramente definidos. Están los ociosos, entre los que me incluia ayer, que no tienen nada que hacer más que pasear y que se caracterizan por pasear sin rumbo fijo deteniéndose en los lugares más insospechados mirando todo pero no llevando nada en su carrito. Tambiénj están las hiperactivas que se mueven con movimientos rápidos y precisos, como arañas. Normalmente están en el departamento de verduras y frutas, están los solteros compradores (grupo entre los que me contaba el otro día) que compran al tuntun y se dejan engañar como a chinos…. hay muchos grupos que no relato ahora por falta de espacio, tiempo y velocidad.

El caso es que compré un par de cosas. No os imaginais lo que compré, verdad? Si es que no me lo puedo quitar de la cabeza… compré… chalecos reflectantes para el coche yliquido anticongelante!! Y es que es superior a mis fuerzas!!! ES mi tezooooorooooo…. zolo miiiiioooooooo…. gollum! míiiiioooooo….







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