28 Jun 2004

Descansar del fin de semana! Día 1 Sábado

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3 cafés. Desde que me he levantado llevo tomados 3 cafés. Si tenemos en cuenta que sólo hace de esto 2 horas os hareis cargo de lo cansado que estoy. Y cómo esto es posible si es lunes? el primer día de la semana tras el fin de la misma, tras los días de descanso (o supuesto descanso). Debería estar enfadado o triste por el comienzo de la semana laboral, pero nunca cansado, verdad? Pues no! no sólo estoy cansado sino que además tengo sueño.

Y es que el fin de semana fue bastante movidito. Para empezar el sábado por la mañana llamé a mi querido amigo Pedro para comunicarle que, si no se había dado cuenta era un año más viejo que el día anterior. Lleno de agradecimiento por mi llamada pero furibundo por la desagradable noticia que le había dado me indicó que podríamos quedar esa noche para tomar unas copas y celebrar que había llegado a tan estupenda edad. Invitación que acepté encantado, aunque luego no podría hacer uso de ella por lo que ya contaré. Luego fui con Maribel a contratar el hotel de nuestras vacaciones por Lisboa. Es una cosa curiosa lo que es la incompetencia. No tiene nacionalidad ni conoce de fronteras. Más que la incompetencia sería… cómo diría? el exceso de celo en la realización del trabajo según los cánones y las normas establecidas. Así, en la agencia llamaron al hotel donde habíamos decidido ir (uno con piscina cubierta. Lo comento porque me resulta curioso. Si fuera en centro-europa lo entendería, pero en Lisboa… resulta curioso) para preguntar si había habitaciones para las fechas que habíamos decidido ir. Y allí les dijeron que tenían que mandar el fax de reserva (por lo visto es la práctica común entre hoteles y agencias) a lo que le respondío la amable chica que nos atendió que sí, que prometía mandar el fax, pero que por favor que le confirmara ese extremo (total sólo tenía que mirar la pantalla del ordenador) y el de recepción del Hotel lisboeta, en su labor de cancerbero del libro de reservas del hotel se negaba a decirlo si no se seguía los trámites establecidos en los acuerdos por la buena relación entre agencias de viajes y hoteles, según las cuales debían mandar un fax solicitando la información por los adecuados conductos y con la debida antelación. En un último intento de hacer entrar en la cordura a tan abrupta mente, la agente de viajes le indicó que por supuesto que mandarían el fax, pero que si lo preguntaba era por tranquilizar a unos amables clientes (nosotros!) que querían asegurar que contaban con el hotel para sus tan deseadas vacaciones. A lo que contestaron indicando que como no depusiera se su actitud se iba a ver obligado (el recepcionista) a olvidar la relación de cordialidad que siempre debe existir entre los empleados de hoteles y los de agencias e iba a tener que soltarle un insulto gordo. Tras semejante muro de estupidez la pobre chiquita de la agencia colgó el teléfono y nos comentó que tendría que mandar el fax. Sorprendido le pregunté qué habría pasado si yo, como particular, hubiese llamado para preguntar si había habitaciones libres para dichas fechas. A lo uqe me respondió que me lo habrían dicho sin mayor problema. ¡¡Qué grande y qué llena de preciosos matices es la burocracia!!

Tras estas gestiones en la agencia de viajes nos fuimos a buscar el coche de mi hermana al aeropuerto. Fue gracioso este punto, porque Lourdes (mi siempre querida hermana pequeña… pequeña porque es la última, pero ya tiene 28 añazos) me dijo muy amablemente el pasado jueves que no me preocupara por tener el coche en el taller ya que ella, habida cuenta de que iba a pasar el fin de semana fuera de madrid, me dejaba su coche. Loco de contento le di las gracias y esperé a que el tan ansiado sábado llegara. Llegado el día me llamó Lourdes y me dijo que el coche estaba en el aeropuerto porque había tenido que ir allí directamente desde el trabajo. Y que perdonara por obligarme a ir allí a buscarlo. Le dije que no me importaba, pero que no tenía las llaves y me contestó que las mismas las tenía el novio de una amiga suya y me dió el teléfono para que le llamara. Confundido por tan inesperado giro tomé nota del teléfono del mismo y le prometí que le llamaría. Conocedora mi hermana de cómo soy decidió hacer ella las gestiones y me llamó al cabo de los 10 minutos para indicarme que el chico estaba en la puerta de casa con las llaves del coche. Eso es eficacia de mi hermana y amabilidad suprema del novio de su amiga (que por cierto se casan en breve, mi enhorabuena para ellos!).

Ya tenía el hotel casi reservado, las llaves del coche… sólo me faltaba ir a buscarlo y bajar a Chufa a la calle, porque quiera o no, el hecho de bajar a chufa a la calle es una derecho deber mío tan cierto como el derecho al trabajo que recoge la constitución. Así que convencía Maribel y nos fuimos los dos a buscar el vehículo en metro y luego a bajar a chufa. Al llegar a casa de mi madre para bajar a la perra nos encontramos con unos chinos… creo que eran chinos que preguntaban en inglés por un buen restaurante para ir a comer. Les comenté que había un japonés muy bueno y me contestaron que no que la comida japonesa es un horror… y yo que pensaba que toda esa comida era igual… me comentaron que querín un buen restaurante chino. Pensé, pero no les dije, que eso es tan dificil de encontrar como un top-manta que te de factura de lo que compras. Intenté hacerle ir a un italiano pero me dijo que no le apetecía, le habé de un restaurante americano y cuando dijo que sí le mandé al burger king reservándome muy mucho de decirle el nombre del restaurante. “Very good food!!” le dije mientras se despedían de mi haciendo mover la mano, con la palma vuelta hacia nosotros, de izquierda a derecha balanceandola desde el codo. Creí adivinar una lágrima de secreta admiración en sus achicados ojos.

Lleno de alegría por el sentimiento de agradecimiento generado y de cierta culpabilidad por el sitio donde les había mandado subí a casa de mi madre y, tras los protocolarios saludos a la perra (decir su nombre con voz aguda mientras le acaricio de forma persistente su lomo mientras ella, sin de jar de agitar su rabo, baja sus orejas y da 3 vueltas sobre si misma antes de pegar un brinco y poner sus patas sobre la pechera de mi camisa) la bajo a la calle a dar una vuelta rápida ya que hace un calor de mil demonios.

Tras bajar a la perra nos fuimos a casa donde el incombustible Miguel había preparado una comida de padre y muy señor mío. Unos chuletones de más de cuatrocientos gramos cada uno, con esparragos trigueros y cogollos de lechuga con salmón… Una maravilla. Vino “El Chapa” a comer y nos lo pasamos de maravilla con las conversaciones que de la mano del mágico duo formado por Miguel y el referido, surgían como conejos de chistera de un mago. Tras acabar llenos llenos nos tomamos unos helados que habíamos comprado para la ocasión.

Terminada tan magnífica comida me tuve que ir corriendo ya que había quedado con mi querida amiga Paula para tomar el café. Fue un encuentro la mar de agradable, porque hacía muchos meses que no nos veíamos y teníamos muchas cosas que contar. Habíamos querido ir al Boulevar de Santa Bárbara, donde siempre vamos a tomar nuestro café, pero estaba cerrado, por lo que tuvimos que ir al Café Belén, lugar también de nuestra preferencia para estos menesteres. Tras tomar un café nos decidimos a tomar un zumo de tomate. Bueno, en realidad se decidió ella y a mi me dió cierta envidia, por lo que me pedí otro. Se ve que la envidia no es buena consejera ya que mi zumo de tomate estaba lleno de unos grumos de lo más sospechosos. Tan asquerosos eran que me fui a la barra a consultar sobre lo habitual de dichos grumos. Llenos de repugnancia ante semejante imagen me dijeron que no me preocupara que me ponían lo que quisiera. Decidí no arriesgar y pedí una cocacola.

Tras 2 horas y media de conversación cotorril me tuve que ir corriendo porque había quedado con unos amigos del Master (del universo) para tomar unas copas en honor de Carlos un compañero del idem que había venido a Madrid para, entre otras cosas, vernos. Decidimos… bueno, decidieron (porque a mi me lo dieron hecho ir a una tasca gallega en Huertas. Con el calor que hacía las botellas de Ribeiro cayeron de forma inusitada. Tanto es así que tal vez me mareé un poco. Tras comer empanada, pulpo, pimientos, almejas y demás nos fuimos a “La Ley Seca” a tomar unos cacharros y bailar un poco. Estuvimos allí hasta una hora determinada de la que no me acuerdo, pero en ese interín de tiempo me llamaron para ir a las copas de Pedro y realmente no me veia yo como para andar por esos mundos de Dios ya que aún me duraba el mareo y, según lograba apreciar, iba en aumento.

A eso de las 3 decidimos ir a Moby Dick, pero al llegar descubrimos que lo que en realidad queríamos hacer era ir a dormir. Cosa que hicimos de manera fulminante.

Como veis fue un sábado tremendo. No paré… pero si os cuento el domingo…







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