05 Jul 2004

Estoy de mal humor, debe de ser que ya es lunes

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Por desgracia todo lo bueno se acaba y hemos de decir que el magnífico y nunca suficientemente aprovechado fin de semana, se ha acabado. Bueno, era algo que ya se veía venir desde el viernes, incluso los más avispados lo sabíamos desde el martes, cuando vimos que el lunes había pasado tan rápido.

Hoy lunes, sin ganas de trabajar echamos la vista atrás y qué nos encontramos? muchas veces es horroroso echar la vista atrás porque nos damos cuenta de que no hemos hecho absolutamente nada de provecho. Y ya lo peor es cuando no hemos hecho nada de provecho y además no hemos dormido bien. Ahí ya sí que nos vamos a trabajar con el cabreo latente… nosotros ignoramos que está ahí pero ahú está, con su reloj digital de números rojos y todo… esperando a que se de la situación propicia, algo aparentemente inocente puede desencadenar un enfado sordo y furibundo. Sordo, sí, pero furibundo. Y ocurre cuando te llega la secretaria y te pregunta “¿Qué tal el fin de semana?” y entonces, a la hora de ir a echar mano de tus recuerdos das con la bomba de cabreo. Esa en la que el explosivo es “No hice absolutamente nada” y la metralla es “Y me gasté, no sé en qué, 200 euros”. Pero es una bomba como la de Muroroa, es decir, de estas que no se nota por fuera pero la explosión está ahí dentro. Entonces buscas tu mejor sonrisa para decir “Estupendo! Ojalá todos los fines de semana feran así” porque no vas a reconocer que tu fin de semana ha sido un aburrimiento, que estás colgado y que no hiciste absolutamente nada más que estar tumbado en el sofá pescando mocos.

Lo que no sabe normalmente el que hace eso, es que la inmensa mayoría de la gente está como él. Nadie ha hecho nada apasionante durante el fin de semana. Pero todos mienten como bellacos porque, cómo vas a reconocer que estás más colgado que una percha. Los más raritos (y menos embusteros) dirán “me quedé en casa leyendo un libro, no me apetecía hacer nada” y uno en un ejercicio de supremo cinismo dirá “vaya, vaya! una apasionante vida social!” sin reparar en que él estuvo el sábado sangrando por la nariz de lo mucho que había hurgado en ella.

En fín, el caso es que es lunes y que estoy un poco cansadete. Y ahora uqe echo la vista atrás me doy cuenta de que durante el fin de semana han ocurrido cosas cuando menos curiosas. Por ejemplo el sábado por la mañana. Quedé con Maribel para desayunar en el VIPS. Estabamos hablando de nuestras cosas, degustando nuestras tostadas cuando de pronto oigo el ruido de algo que se cae. Parecía el ruido de una moneda de 2 céntimos al golpear contra el suelo. Miré distraido hacia donde había caido y ví a un vejete en la barra buscando la moneda, llevando a ciegas la mano entre los asientos para ver si recuperaba la moneda. Dándomee cuenta de lo exiguas que son las pensiones en España, donde un anciano lucha de forma tan denodada por recuperar una moneda de 2 céntimos, y viendo que el pensionista en cuestión no era demasiado ágil de movimientos, me ví obligado moralmente a ayudale . Por lo que, ni corto ni perezoso, me acerqué al señor y le pregunté “Disculpe, puedo ayudarle a buscar su moneda?” y me contestó “Sí, muchas gracias muchacho, pero no es una moneda, es un diente”. En ese momento agradecí mi edad y madurez a la par de mi educación y las cosas raras que ví en mi casa ya que el pobre desdentado no vió en mi cara el asombro que me produjo el saber que el objeto de las pesquisas era una pieza dental.

Me puse a buscarla con el buen hombre y no lo encontré. Cuando me senté, me preguntó Maribel al respecto y le conté todo. Se quedó ojiplática, tan abiertos dejó los ojos que de pronto dijo señalando un punto a tomar viento del vejete: “No es eso?”. Al principio me costó mucho el lograr ver donde señalaba pero al cabo del tiempo, sí señor, ahí estaba. Era una muela bastante grande y, contra toda suposición inicial era natural, es decir, no era una pieza de una dentadura postiza. La razón de saberlo era fácil: la base estaba llena de sangre. Con el mismo escrupulo que los de CSI con las pruebas que encuentran y careciendo de las pinzas que salen en la serie, agachado le dije al anciano “Oiga, creo que lo he encontrado” y alargué el dedo señalando la pieza dental como si de una cucaracha se tratara. El hombre, lejos de sentir la misma repugnancia que yo, loco de contento alargó la mano y cogió la muela. La examinó y dijo “Sí, es la mía” (como si hubiese mucha gente perdiendo dientes por ahí) y se la guardó en el bolsillo.

Después de felicitar a Maribel por su vista empezamos a comentar sobre el motivo que podría llevar a ese hombre a buscar con tanto frenesí la muela caida. Tras muchas teorías descabelladas, Maribel dió con la razón: ” Era para ponerla debajo de la Almohada y que así el Ratoncito Pérez le trajera una moneda a cambio!!”. Y es que las pensiones están muy mal…

Por otra parte Maribel tenía una boda de un compañero de Trabajo, Raul (al que, desde aquí felicito!). Así que la noche del sábado me tocó de rodriguez.Ni corto ni perezoso Miguelete me comentó que había quedado con Pedro para ir a tomar algo, por lo que decidí apuntarme. Ya que hacía mucho tiempo que no quedabamos más de 2 chavalotes sin féminas. En seguida decidieron ir a Pozuelo. A mí tampoco me parece mal, pero me dió rabia ya que tenía pensado ir a buscar a Maribel al lugar de celebración de la boda. Me quedé sin ir a buscarla, por suerte la llevaron a madrid y tomó un taxi.

Estuvimos dando vueltas por pozuelo. Nos tomamos 4 cervezas en distintos sitios y luego fuimos al Meli Melo, lugar de diversión por antonomasia. Está, para el que le interese, en la calle Fernándo el Católico número 10 de Madrid. Allí tomamos una copa hablando con Mónica, la simpática camarera. De ahí nos fuimos a casa. Llegamos a las 3.20, como veis nada que ver con los tiempos pasados… estamos viejos.

Y el viernes nos fuimos a cenar Maribel y yo a Paparazzi y ocurrió otra cosa surrealista a la hora de pagar. Pagué con tarjeta y resulta que me trajeron 2 tarjetas con la cuenta de la mesa pagada entre 2 tarjetas, la mía y la de un tal (pobrecillo) Antonio Rodríguez. tras explicar que Maribel era imposible que se llamara Antonio se pusieron a intentar arreglar el desaguisado. Por lo visto era la tarjeta de alguien que se fue del restaurante sin reclamarla. La verdad es que yo soy despistado, pero alguno se lleva la palma. Mira que dejar la tarjeta olvidada…

Tras mucho cabilar me pasaron un cargo más en la tarjeta por el resto y me aseguraron que le devolverían el dinero de más cobrado al tal Antonio. Yo pensé en que la gente se cuida muy mucho de dar su número de tarjeta en Internet y a la hora de pagar en un restaurante… se la dejan olvidada!

Ocurrieron muchas más cosas en el fin de semana, como por ejemplo que ooootra vez sale agua del radiador del coche. Es un asco!! Pero ya os lo contaré mañana cuando haya llevado el coche al taller y me haya enfrentado con el cara de hiena ese. O que volvimos a casa de Desi… pero todo eso, repito, es mejor contarlo mañana que dará más juego.

Tratad de sobrellevar lo mejor posible lo que queda de lunes. Yo llevo ya 2 cafés! ;-)







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