07 Jul 2004

Cuando el río suena es que sordo no estás

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Qué frío ha hecho esta noche, puñetas (con perdón por la expresión pero es que casi me quedo pajarito). Menos mal que sigo con mi edredón nórdico de plumas. Muchos de los que han visto que aún sigo con él encima de la cama me preguntan si estoy loco, pero siempre contesto lo mismo: “Yo sé lo que me hago”. Y es que en una cama de metro cuarenta de ancho hay sitio para todo. Podemos dormir en paz y armonía mi edredón nórdico y yo. El edredón a un lado y mi persona en el otro. Como un matrimonio bien avenido, y si a mitad de la noche entran las ganas… pues me acurruco debajo de él y él me cubre dándome un calorcitoo… vaya, mo me gusta esta comparación del matrimonio bien avenido. Parece que el edredón tiene el rol masculino! El caso es que esta noche me ha venido de vicio el haber sido tan vago como para no guardar el edredón aún.

En cualquier caso deberíamos reclamar al Ministerio del Medio Ambiente, ¿qué es esto de que haga tanto fresquete una noche de julio? ¿Éste es el gobierno dialogante tan prometido? En fín, pero no vamos a meternos en política, porque además estoy muy preocupado con mi coche…

El pobre… tiene hasta mal color! Ayer pasé por delante para ver si estaba y ni me miró. Dejó sus faros fijos al frente y se hizo el despistado cuando me vió. Y es muy duro que un coche piense que no haces nada por él cuando estás desviviéndote por su reparación plena. Tanto es así que ayer llamé a Desi (ultimamente tengo a la pobre Desi frita) y le pregunté por un mecánico que ella conoce que, por lo visto, es una joya de hombre y, sobre todo, es conocido de su familia. El caso es que me dió el teléfono y me dijo que preguntara por Julián cosa que obedientemente cumplí a pies juntillas (yo es que de toda la vida he sido muy obediente, ya de pequeñito hacía todo lo que me decían. A los 8 meses comencé a andar porque mi tío Evaristo me dijo “Haz el favor de andar pronto, Carlitos” y yo, ni corto ni perezoso a partir de ese día comencé a depertarme a las 6 de la mañana y a darme largos paseos por la casa hasta las 7 de la mañana, antes de que se levantara todo el mundo para no asustarles. Un buen día, al año y 2 meses, cuando mis paseos duraban ya 2 horas y los hacía corriendo y haciendo volteretas laterales decidí desvelar el secreto andando de forma torpe e insegura para que no sospecharan nada. Todo salió a la perfección y aún hoy creen que empecé a andar al año y dos meses). Total, que pregunté por Julián y la chica que cogió el teléfono (llevantó el auricular para los del otro lado del charco) al preguntar por Julián (”¿Está Julián, por favor?”) me contesta que sí (”Sí, sí está”) a lo que tras esperar un momento y comprobar que todavía seguía al otro lado sin intención de avisar le pregunté por la posibilidad de mantener una conversación con él (”¿Podría hablar con él?”) a lo que ella mostró su extrañeza ante esa petición y la denegó (”Julián?! Me va a disculpar, pero no suele coger el teléfono”. Esto lo dijo asombrada como si el teléfono fuera fuente de enfermedades o como si el pobre Julián no tuviera brazos). Entonces, viendo que me había enfrentado una vez más a una barrera de burocracia decidí entrar por la única puerta que me quedaba abierta: hablar con la señorita (señorita o señora, que nunca se sabe) del teléfono.

Así uqe le expuse los problemas comentando que conocía a un mecánico con sonrisa de hiena que supuestamente me había arreglado un problema pero que continuaba y que Desi me había recomendado el taller por su saber hacer, contención de precios y habilidad para con las cosas que entrañan la mecánica propia de los coches que el tal Julián y su equipo demostraban a cada movimiento de tornillos. Y que eso no era fácil de encontrar y es por esto que yo iba en ese día a “preguntar a usted señora - le dije- de seguramente probada virtud y temple manifiesto por la posibilidad de que ese cirujano del motor se haga cargo de mi coche”. A lo que me contestó “sí”. Pero no penseis que fue un sí entre sollozos por tan loables intenciones o un sí con la emoción contenida, no, fue un sí serio, firme y tal vez un tanto hastiado por la verborrea soltada. Así que me preguntó por la marca y el modelo. A lo que contesté lleno de orgullo: “es un Astra del 93″. Ella, riendo un poco, me dijo que ese taller era de Ford a lo que le contesté que ya lo sabía pero que según me habían contado aceptaban reparaciones de cualquier marca. A lo que replicó diciendo que efectivamente pero que si era un problema eléctrico tendría que ir a Opel. Lo cual me confirmó que no había escuchado una palabra de mi discurso en el que le exponía bien claramente que el problema era de radiador y que también tenía un sonidito raro. No queriendo entrar en polémicas respecto a si se lo dije o no tercié diciendo que estaba de acuerdo.

Llegó el fatídico momento en que me preguntó por el número de la matrícula, el cual me inventé de mala manera. Esto me recuerda a la vez en que a Rafa (Chavalote Sumo) le llevó el coche la grua municipal por estar mal aparcado. A la hora de ir a buscarlo le preguntaron por el número de la matrícula y como no lo sabía dijo “pero si es así, blanco. Es un Opel Kadet quee…” pero le interrumpieron y le dijeron que no se lo podían dar. Así que se puso a recorrer todo el parking en la busqueda de su coche. Cuando al final lo encontró entre más de 400 coches, volvió, dió la matrícula y se lo dieron. El caso es que yo no estaba cerca en ese momento del coche y no podía saberla así que tengo excusa. Cuando lleve el coche veré que hago. Tras decirle el número inventado me dijo que llevara el coche el día 15 porque estaban hasta arriba. Intrigado le pregunté si no sería posible adelantar dicha fecha a lo que me contestó que no, que como todo el mundo se iba de vacaciones que no iba a ser posible. Me dijo asimismo que abrían a las 8 así que podía llevar el coche a la hora que quisiera, a lo que contesté que yo también “abría” a las 8 y que iba a ser complicado. Por lo que me dijo que si no iba a poder ir a esas horas que lo llevara la tarde anterior, lo que me pareció adecuado. Después de preguntar por la familia e interesarme por su estado de salud colgué el teléfono.

Me quedé un poco preocupado por el día tan tardío que me dieron para llevar el coche. Podrá estar tanto tiempo parado el coche? creo que lo voy a conducir un poco cada día para que no se quede atontolinao o le pase algo peor. Pero creo que tendré que comprar liquido anticongelante a tutiplen porque cada vez que lo cojo tengo que rellenar el depósito.

Tras esto le comenté a Maribel mis desvelos la cual, llena de sabiduría me dijo “Tú verás”. Desde aquí quiero agradecer a Desi su amabilidad por brindarme el teléfono del taller y su emplazamiento exacto. Prometo intentar acordarme y no volver a llamarla cuando lo lleve para que me diga dónde está (es el segundo taller de la calle estrecha que hay después de girar a la izquierda tras el kiosko).
Ya os contaré las evoluciones…







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