26 Jul 2004

Ultima semana de julio

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Pensar en el esfuerzo que supone el depositar mi dedo sobre cada una de las teclas con letras que tengo enfrente con la fuerza suficiente como para que aparezca la letra que presiono reflejada en la pantalla, hace que me canse. Y es que es lunes. Está suponiendo un esfuerzo sobrehumano el trasladar estos pensamientos inconexos de mi aletargada cabeza a esta pantalla. El buscar e identificar en mi cerebro un pensamiento medio decente, darle forma para que resulte inteligible, buscar la forma de trasladarlo de la neurona a los músculos de los dedos y que luego los ojos verifiquen que todo se ha llevado con una mediana corrección es algo que resulta cansado. Más todavía si nos encontramos a Lunes. ¿Eso ya lo he dicho? Dios mío! Estoy dormido.

Y es que este fin de semana ha sido de lo más relajado. Aunque, eso sí, no he podido dormir demasiado. Resulta que el viernes hablé con mi querido Rubén, bastión de la raza hispana y paradigma del bien que ha hecho a españa el comenzar a comer cereales y esas marranadas americanas. El chico, para el que no lo conozca, es una torre. Mide lo menos metro sesenta y cinco, y lo más dos metros (yo creo que no s quedamos en metro noventa y cinco) , a parte es una persona que me cae muy bien y es siempre amable y simpático con sus mayores, es decir conmigo. Porque tiene 5 años menos que yo. El caso es que llevábamos un tiempo queriendo quedar pero siempre algo me impedía el vernos. El pobre chico estaba ya un poco harto de no poder verme así que me lo exigió por Messenger. Como quiera que era consciente de que no podía continuar nuestra amistad si no nos veíamos, decidí que podríamos desayunar ese sábado. Le propuse las 11 como hora de desayuno lo que le pareció bárbaro. Sin embargo me dí cuenta de que a dicha hora había quedado para ir a comprar el regalo de boda de Jaime y Beatriz por l o que le dije que qué tal si quedabamos a las 9. Lo que no le pareció mal porque luego se iba a ir a trabajar (pobre chico). Total que la noche del viernes, pese a no acostarme demasiado tarde (ahora mismo no me acuerdo de la hora pero fue prontito), me tuve uqe levantar a las 8 y media para poder desayunar con mi querido Rubén. Así que eso de remolonear en la cama no me fue concedido. Y la noche del sábado al domingo pasé tal calor que a las 6 ya estaba despierto. Estuve dormitando hasta las 10 pero no dormí. Es curioso que hoy he dormido como un bendito hasta las 6.30 que me he levantado. Yo creo que mi cuerpo está tonto o que hay alguien por ahí arriba empeñado en que no duerma largo y tendido. Así que puede que mi cansancio actual se explique con dichos hechos.

En cualquier caso el fin de semana es digno de agradecer. Pase lo que pase y se haga lo que se haga. Además siempre uno se toma las cosas con más tranquilidad y entereza. Sin ir más lejos, el viernes me llamó Desi para comentarme que había estado con… con… con Astracán… (perdonad que me emocione al nombrarlo snif…). Me dijo que tuvo que ir al hospital para ir a buscar el coche de LuisMi y pidió el que le enseñaran a Astracán. Por lo visto lo tenían en la unidad de cuidados intensivos con todas las tripas fuera. Según parece tenía todavía los limpiaparabrisas gachos y se le veía muy asustado. Me comentó que le dijo Julián que lo había quemado bien bien y que ya ten´ñia la pieza que faltaba y que le harían una operación a cilindro abierto para ver si se recuperaba. También le comentó que harían todo lo posible para tenermelo hoy (pobrecillos, con la de trabajo que tienen y se desviven pro Astracán). Por lo visto, Desi le dijo bajito, en el retrovisor, para que solo lo oyera él que se animara que ya vería como se iba a poner bien pronto. La verdad es que me emocioné cuando me lo contó. El pobre Astracán, tan mayorcito y ahí solo…

Solo me quedé yo también el sábado porque mi queridisima Maribel se fue a Guadarrama a pasar el sábado y el domingo. Este luctuoso acontecimiento hizo que procurara llenar la mayor parte de mi tiempo para no pensar en su ausencia. Es por ello que quedé con Rubén y quedé con la Chavalería para ir a comprar el regalo de la feliz pareja. Fue un momento emotivo el que nos reunió a todos. Ahí estabamos Pedro, Nacho, Reyes (más conocida por Queenie o por Tuini), Eduardo y yo. Yo estaba emocionado especialmente por ver a Eduardo. Hacía lo menos 5 meses que no sabía nada de él y me alegró ver que seguía teniendo algo de pelo en la coronilla. Nos contó que había estado ocupadisimo matando unos dragones extrañisimos que había en unos lodazales. Estos dragones eran especialmente peligrosos porque con un simple mordisco podía matar a una persona. El caso es que él y sus hermanos dejaron esa tierra libre de esos bichos y tomaron posesión de dichas tierras, pasando a cultivar en ellas cebada, cola, trigo y girasoles. Tras ver que su historia (más digna de libros de heráldica) no parecía convencernos, nos confesó que es que andaba muy liado con el trabajo, la casa, los preparativos de la boda… llegados a este punto le preguntamos que qué tal iban las invitaciones a lo que nos dijo que muy bien, que ya las había mandado todas. Entonces Nacho, que siempre pilla estas cosas al vuelo, le preguntó que si estábamos nosotros invitados. Tras dar4 un respingo dijo que claro que sí, que tenía las invitaciones encima del boureau de su casa y que se le había olvidado cogerlas. Pero que no sólo estabamos invitados sino que eramos todos testigos. Yo noté cómo mis carnes se abrían una vez más (en la de Jaime también soy testigo) ya que mi querido Chaqué es de invierno, es decir, es una manta zamorana. Vereis como probablemente me dé una lipotimia allí mismo. Menos mal que mi hermana Lourdes está invitada también a la boda, por lo que entre ella y Maribel puede que me abaniquen lo suficiente como para que no me desmaye.

Tras esto nos quiso comentar dónde había hecho la lista de bodas, a lo que todos respondimos que hasta que no recibieramos la invitación no queríamos saber dónde estaba la lista. No fuera a ser que hicieramos regalo y luego no estuvieramos invitados. tras lo que nos reimos todos de muy buena gana. Lo que me tiene un poco mosca es Belén (la novia de Eduardo) hace tiempo que no la vemos (más que a Eduardo) y cada vez que preguntamos por ella Eduardo responde de forma esquiva y como intentando cambiar de tema. tanto es asi que sospecho que Belén ha desaparecido y no se atreve a decirnoslo. Puede incluso que la hayan secuestrado y pidan un rescate tan alto que el pobre Eduardo no pueda pagarlo. Confío en que me pida a mí ayuda, porque como buen amigo lo haría encantado, aunque también espero que no lo haga porque después de la reparación de Astracán no voy a estar yo para muchos gastos.

Sea c0mo fuere estuvimos en La Oca y compramos un… estooo… que no lo puedo decir!! que es sorpresa!! Llevamos a Reyes para que nos aconsejara como mujer que es. Y la verdad es que a la pobre no le hicimos demasiado caso. Compramos lo que nos pareció sin oir sus siempre correctos comentarios. Espero que no se sintiera mal. Yo creo que no, porque es un encanto y siempre está sonriendo.

Por cierto, confío en que Nacho felicitara a su madre de mi parte. Es que resulta que el día 22 fue el cumpleaños de dicha señora y al enterarme le rogué a Nacho que le hiciera ver a su augusta madre mi gran alegría al constatar que cumple un año más llena de salud y rodeada de los suyos. En caso de que no lo haya hecho sirvan estas líneas como desagravio.

Después de la compra nos fuimos a Almorzar a Tony Roma’s Myriam, Eduardo, Pedro y yo. Dimos buena cuenta de un combo para cuatro y nos lo pasamos estupendamente comentando el hecho de que hubiese un insecto verde en un de los platos. Éste era pequeño y parece ser que murió de viejo (tenía un bastoncito al lado de su tercera pata derecha).

Hablando de comidas, ayer tuve una comida con mi familia paterna. La verdad es que siempre que nos reunimos me lo paso pipa. No es por ser corporativista, pero la verdad es que toda la familia somos bastante ocurrentes y contamos con el mismo humor extraño. Por lo que nos reimos mucho. Sobre todo con las ocurrencias de mi tío Santiago, principal agasajado de la comida al ser su onomástica. Tras la comida nos fuimos a visitar a mi Tía Nona, la cual está un poco pachucha. Tras constatar que mi tía estaba animada y una vez pasado un tiempo con la misma nos fuimos mi madre y yo a casa. Yo para ir a buscar a Maribel y ella para ir a ver a mis sobrinos (es toda una abuela).

El reencuentro con Maribel fue de lo más emotivo y dulce (nos tomamos medio litro de helado de Hagen Däsz).

En fín, que me lo pasé muy bien el fin de semana a pesar de no salir el sábado. No hace falta trasnochar para levantarse uno cansado… Y pronto termina julio y se empieza a vaciar Madrid!!

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