No sé qué será peor. Lo que pasaba antes o lo que ocurre ahora… la verdad es que cuando descubrí que Astracán perdía aceite me pegué un buen susto. Susto que luego se vió volatilizado cuando me dijeron que de aceite estaba bien y que volvió con más fuerza cuando me dijeron que la junta de culata (palabras inocentes que cuando se juntan producen en mi cuenta corriente una sensible disminución). Pues, como digo, no sé que es peor: si que mi coche pierda aceite o que… la verdad es que me da un poco de vergüenza decirlo porque no creo que le ocurra a nadie más. O al menos a ningún otro coche… resulta que Astracán… ¡¡se come el aceite!!
Resulta que ayer decidí mirar los niveles del coche a ver como estaban, ya sabeis: el aceite, el agua, el líquido del limpiaparabrisas… espero que éste último no se acabe pronto, porque no logré encontrar el tapón que lo abría. No sé si habeis visto un motor, pero es un infierno. En el Astra ves una chapa clara con el logotipo de Opel y esa misma palabra. Y eso es lo único que entiendes de todo el motor. El resto son cables, tubos, radiadores, ventiladores… la verdad es que me recordó ligeramente a “chitti chitti bang bang”. Total, que descubrí el depósito del agua (viejo conocido mío) que desde que me dieron el último bofetón en el taller, no se ha vuelto a vaciar y, creedme si os digo que me resulta increible. No paro de mirarlo y volverlo a mirar. Me siento como el perro de Paulov, que no comprendía el que no le dieran de comer después de oir la campana. Pues yo no comprendo el abrir el capó del coche y no ver el depósito del agua vacío.
El caso es que al no encontrar el tapón del agua del limpiaparabrisas, empecé a ponerme nervioso, pero en seguida pensé en la gente que me estaría mirando. Un señor de 32 años tiene que saber perfectamente dónde está ese maldito tapón, así que cambié mi actitud radicalmente y adopté una pose de auténtico profesional. Saqué de la guantera del coche el bolígrafo que guardo por si hay que hacer un parte y me lo puse detrás de la oreja (esto viste mucho a la hora de aparentar seguridad delante de un motor. Habría preferido un cigarrillo, pero como no fumo…). Después anduve sorbiendo mocos hasta llegar al capó del coche y puse el pie izquierdo apoyado en el parachoques. Miré de reojo a los lados y no me pareció ver a nadie, pero por si acaso continué con la farsa. Como ví que era imposible encontrar el tapón del agua jabonosa y que lo más probable es que aunque lo descubriera no iba a saber que lo había encontrado, pues desistí en mi empeño. Me puse a buscar el del aceite, y ese fue fácil encontrarlo porque tenía grabada una especie de tetera, de esas que se usan como aceiteras… vamos que era esa. Pero antes quería saber si lo necesitaba, así que saqué la varilla del aceite. Esta varilla, desde pequeño, siempre me ha recordado al estoque de un torero, entre otras cosas porque hay que tener tino para acertar al meterla en su agujero. Total, que la saqué, la limpié, la volví a meter y cual fue mi sorpresa cuando ví que estaba casi casi en el mínimo. Fui al maletero y, gracias a Dios, descubrí que conservaba la botella que compré cuando pensaba que Astracán perdía aceite. La abrí, abrí el tapón del aceite y eché un buen chorro, pero apenas subió, así que seguí echando y echando… al final dejé de echar por miedo a haber echado demasiado. Como es tan claro el aceite temía que hubiera subido y no me hubiese enterado. El caso es que me quedé preocupado por esta falta de aceite. No tiene pérdidas, pero se lo come. Hay que tener en cuenta los muchos viajes que he hecho este verano. Supongo que el aceite se va… mmmm… evaporando? No creo… gastando… eso, gastando. Tras esto volví a comprobar si el agua estaba en su nivel. Para mi algría ví que sí lo estaba por lo que me llevé la alegría de ver que realemente, lo único que sé mirar estaba bien.
Eché un último vistazo para ver si encontraba el depósito del agua jabonosa y cerré el capó. Miré alrededor y observé con alegría que no había nadie. Tras esto dejé la botella en el maletero y me fui con Maribel a tomar una cocacola. Tras esto nos fuimos a cenar con mi hermana María y mi cuñado. Estuvimos con mi sobrino Nicolás, de 5 años, hablando de cosas tan importantes (al menos para él) como la importancia de saber tirar bien con el arco si se es un elfo o la necesidad de dejar una luz encendida en el cuarto para echar a los fantasmas cuando uno duerme. Siempre anda con ideas de lo más peculiar. Un día hablando con su prima Bárbara le comentó que había unos gusanos en el suelo que si te los comías te invadían la tripa y te ponías malo, pero que en realidad eran nuestros amigos y nos protegían si alguien entraba en casa. Barbarita no supo que contestar, y la verdad es que yo tampoco. Tanto convencimiento hablando desarman a uno.
El caso es que se puso a hablar de la tercera parte del señor de los Anillos y reprodujo fielmente la serie de órdenes que Trancos dio a los elfos en le castillo este (que no me acuerdo) para que lanzaran las flechas. Sí, sí… esa serie de palabras ininteligibles (élfico por lo visto) con las que le decía a los guapetones que cargaran las flechas, apuntaran arriba y lanzaran las flechas. Es genial como se acuerdan los niños de cosas tan curiosas. Debe de ser porque como aún están aprendiendo el idioma, están acostumbrados a aprenderse de memorieta cosas que para ellos no tienen ningún sentido para luego mascarlas y desentreñarles su sentido.
Tras la magnífica cena y la genial forma de mi hermana María de convencer a Nicolás para que se acostara, vimos la película paycheck o algo así. Muy divertida. Tras esto nos fuimos a la cama que ya era hora.
El sábado, por otro lado, me fui a la boda de Macu y Juan Pablo. Sé que varios estareis deseando que comente el enlace ya que ha sido algo que ha causado mucha espectación en determinados circulos. Sólo diré que la ceremonia fue muy bonita y tanto los contrayentes como el sacerdote, como la gente ahí reunida supo hacerlo especial. Y decir que los dos dijeron que sí querían. Ah! Y que, como siempre, se me olvidó recargar las pilas de la cámara y no pude hacer ninguna foto.
Enhorabuena, Maribel!!
Sólo un valiente ¿Alguien más?:
…. y los motores de los carros, con el tiempo y desgaste, consumen aceite.
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