29 Oct 2004

Regimen dictatorial

Archivado en: (Tardarás en leerlo 4 minutos con 07 segundos)

¡Lo conseguí! ¡Ayer lo logré! No fue fácil, tuve que luchar con varios enemigos. Entre los más duros mi madre. Pero no os penseis que fue ella mi principal escollo ya que le pareció bien que no fuera a comer con ella. Ya sólo me quedaba ir a comer al Vips. Pero ir a comer al vips no es el fín, es sólo en principio. Tuve un día de locos y cuando me quise dar cuenta me llamó Luis para decirme que no podía quedar a comer (como habíamos convenido un par de días antes) . Y menos mal, porque no había llamado a nadie para quedar. Entendedme, Luis y yo somos amigos desde hace muucho muucho tiempo, de los amigos que más veo es de los pocos que me han aguantado más de 15 años. Y ya es como un hermano para mí. Entonces, el quedar sólo los dos, aunque nos alegramos de vernos y todo, tiene el mismo interés que quedar con un hermano para comer: Está muy bien, pero si es con más gente mejor porque ya sabes del otro todo lo que podeis hablar y el otro sabe lo mismo de tí. El caso es que no quedé con nadie y ya era tarde para quedar con nadie. Por lo que tuve que comer solo. Ese extremo no me importa ya que no me aburre comer ni me preocupa el qué dirán al verme comer solo. hombre, si comiera solo y llorando sí me preocuparía, pero como no me gusta la ensalada con tanta cebolla pues tampoco se da el caso.

Dado que tenía que comer solo, ya sabeis dónde iba a comer, no? Efectivamente, en el VIPS. El lugar que había visto nacer mi régimen y que seguro que me iba a acoger con sus mesas abiertas. Llegué al restaurante bajo una lluvia de aupa. No sé a vosotros, pero a mí la lluvia me da un hambre “que pa qué”. Me senté en la barra y me puse a mirar la carta. He comido cientos de veces en el Vips y ya me sé la carta de memoria, pero… me la sabía siendo una persona sin régimen. Ahora, habida cuenta de mi condición de persona enregimenada debo leer el menú con otros ojos. Y es duro, antes pasaba del apartado de ensaladas y me centraba en las hamburguesas y platos combinados. Ahora no puedo hacer eso, debe ser justo al revés. Miré el apartado de comidas bajas en calorías con que cuenta el cuadernillo de propuestas del vips. Después de verlas pienso que no me extraña que no engorden, con la mala pinta que tienen si encima engordaran sería para morirse. Desecho esos platos por encontrarlos insulsos (el único un poco interesante era una lasagna de verduras, pero no creeo que eso no engorde… aunqeu mi madre seguro que opinaba que no engordaba). Así que pasé a las ensaladas. Tras mirar y remirar (me sentía como un daltónico mirando un semáforo) llegué a 3 conclusiones:
1.- Todas tenían lechuga.
2.- Todas se servían en bols
3.- Ninguna me gustaba.

Partiendo de esa base opté por la que menos ensalada parecía: una oriental que tenía pollo, salsa de soja, arroz y mandarina (a parte de la consabida lechuga). Me di cuenta que una ensalada no te hace entrar en calor y de que la sensación de llenazón que produce no es, ni por asomo, la que produce una carne estofada con patatitas y zanahoria (Dios Mio! se me ha hecho la boca agua!). Otra vez me ocurrió lo de la salsa del final! Debería quejarme al VIPS, no es justo que con lo poco que llenan las ensaladas no se las pueda uno terminar por la ingente cantidad de salsa que ponen… la próxima la pediré con salsa rosa o algo así. Tras esta ensalada me tomé un café cortado. Habría pedido gustoso un trozo de tarta, pero creo que eso me podría engordar y por ahora no quiero. Total, que salí del restaurante con cierta hambre pero contento de haber cumplido este primer tiempo de régimen.

Tras la jornada de trabajo quedé con Maribel para tomar un café. No pude resistirme y pedí una tostada con aceite. Interrogada Maribel respecto al aporte energético de dicha tostada me confirmó lo que ya sospechaba: engordaba. La verdad es que hay veces que prefiero preguntar estas cosas a mi madre. El caso es que me la tomé (tampoco iba a devolversela al pobre camarero, no vaya a ser que le despidan por pedir cosas a la cocina que luego no se tome la gente) con todo el dolor de mi corazón. Tras el cafecito nos fuimos a casa (cada uno a la suya). Una vez en casa ví la película de “Yo, Robot”. La verdad es que es una película típica de estas de acción, pero he de decir que dentro de la fantasmada que es me gustó mucho el planteamiento de la misma. Y la tensión se mantiene hasta el final. El planteamiento de la película es una frase de “El hombre es un lobo para el hombre” y la verdad es que no esperaba que me hiciera pensar tanto esta película… Mientras la veía me tomé una pera. Y esa fue toda mi cena. Así que creo que compensé lo del pan.

Poco a poco voy cumpliendo lo del régimen. Pero me siento manipulado y ordenado por la lucha fraticida de las células grasas de mi barriga contra las células neuronales de mi cerebro. ¿Quién ganará? yo creo que las más fuertes y numerosas, es decir: las grasas. Pero no adelantemos acontecimientos. Aunque mirando en el horizonte, veo que el lunes tengo un cocido madrileño proyectado, obra de la magnífica y querida cocinera Myriam que no sé yo si va a engordar o no…. le preguntaré a mi madre!







Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Gestionado con WordPress