Iba Alfredo andando por los pasillos del Metro. Meditabundo. Reflexionando en lo mucho que había cambiado en los últimos años. Se planteaba si había aprovechado al ciento por ciento los días que había vivido. Si estaba aprovechándolo en ese momento. Y descubrió que tenía todo lo que podía pedir: Tenía donde dormir, tenía quien le quería y tenía un oficio que realmente le gustaba. Todo lo demás era superfluo.
A lo largo de sus muchos días de existencia se había dado cuenta de que muchas veces había luchado, había peleado por conseguir cosas que no eran en ningún caso imprescindibles, ni siquiera necesarias. La felicidad no estaba en un coche grande o en una abultada cuenta corriente. Pero para darse cuenta de ello había tenido que conseguirlo. Para ver que en el amontonamiento de objetos no estaba la felicidad había tenido que amontonarlos todos, uno por uno. Cuando conseguía un bien por el que había luchado se daba cuenta de que no le hacía más feliz, y lo explicaba pensando que ese no era el bien que necesitaba, sino que era aquél otro. Cuando al cabo del tiempo llegaba a tener este bien veía que tampoco era la llave para la felicidad. Y no lo era porque era un tercero el definitivo. Así estuvo varios años como tarzán: saltando de sueños en sueños en busca de la felicidad.
Cuando logró estar encima de una pila de objetos deseables por la mayoría, cuando tuvo casas en las principales ciudades de europa, cuando consiguió tener los mejores y más exclusivos coches, cuando consiguió ser propietario y director de una de las empresas de mayor éxito, cuando logró reunir una colección de objetos de arte de lo más exclusivos, cuando tuvo todo descubrió que nada le daba lo que buscaba. Esa sensación de anhelo que le había acompañado toda su vida seguía presente. Se dió cuenta de que lo que había hecho durante todo este tiempo era como beber agua cuando se tiene hambre: por un momento calma, pero en seguida vuelve a surgir esa desagradable sensación de vacío. Y dolía.
Por conseguir todo lo que anhelaba había perdido todo lo que valía la pena. Su mujer le había abandonado por la poca atención que le prestaba. “Lo hago por tí, cariño!!” le decía siempre que hablaban del tema. Y era verdad. Porque quería lo mejor para ella, pero no veia que lo mejor para ellos dos eran ellos dos. Ahí Alfredo se tuvo que parar y apoyarse en la sucia pared del metro llena de anuncios y solicitudes de trabajo hechas en un folio y pegadas con papel celo. Para evitar empezar a llorar se intentó entretener leyendo los anuncios. Entre todas las notas hubo una que le llamó la atención. Más que un anuncio parecía una carta y rezaba así:
Parálisis Astracanill
Ayer comí en casa de mi madre. Ya sé que sabeis que suelo hacerlo todos los días por lo que no es una novedad (en principio) si no fuera porque comíamos con mi hermana Cuchi y mi sobrina Bárbara, la cual -como su nombre indica- es de armas tomar. Cada vez me sorprende más el ver como mis sobrinos mayores que tienen 5 y 4 años (este último caso es el de la sobrina de la que hablo) van desarrollando su propia personalidad. Y su picardía. El saber cómo pedirle las cosas a su abuela para que se las dé seguro es uno de los logros por parte de mi sobrina que más gracia me hacen porque me recuerdan a mi cuando era pequeño pidiendo algo a mi madre. Según la oigo hablar pienso “muy bien, así… ahora dile… eso! un poquito de… no, no… cuidado… por ahí no vayas queee…. bien salvado!” y al final lo consigue.
Mi régimen ha pasado a mejor vida. Realmente, a parte de los enemigos naturales con los que cuenta, dispone de muchos elementos interesados en su fin, como por ejemplo la comida de mi madre, los comentarios de todo mi grupo de amigos (salvo honrosas excepciones), la carta del VIPS que se cree que son las papilas gustativas las que generan las grasas… El caso es que ayer comí espagueti al ajillo y salchichas de cerdo. Tampoco es nada especialmetne engordante pero no veo yo que tenga visos de conseguir llevar a buen fin el régimen antedicho. No sé qué haré… ya os contaré.
Ayer me dejé el ordenador de casa encendido con la mala suerte de dejar el programa de correo abierto, dada mi manía de poner que el correo se compruebe cada 60 segundos, eran pocos los correos que no me arrebataba el cliente de correo de casa. Y claro, me perdía gran parte de las conversaciones que mantenía abiertas sobre las cenas de navidad. Cuando me llegaba alguno tenía un historico de mil correos que no había leido y el comentario que hacía era del todo desfasado. Cuando llegué a casa tenía del orden de 80 correos en la bandeja de entrada. Y sólo 10 eran de SPAM. Me di cuenta de la de tiempo que se pierde en el trabajo por los correos personales, porque me tiré (leyéndolos solo por encima) del orden de 45 minutos. Más luego contestarlos y demás pues perdí un tiempo precioso.
Ayer fui a buscar a Maribel al trabajo. La verdad es que me apetecía, además era la última vez en mucho tiempo que iba a poder hacerlo porque el ayuntamiento de Madrid me quita la tarjeta de residente en el barrio de mi madre del pobre Astracán. Por lo que ya no podré ir a trabajar montado en mi brioso corcel. Es una noticia de las peores que me han podido dar. Ya solo podré mover el coche los fines de semana. Menudo plan. Y ahora que empezaba a cogerle el tranquillo…
El caso es que llevé de vuelta a casa a Maribel y aprovechamos para tomarnos un cafelito en un bar que conocemos que nos gusta a pesar de ser ser un bar que no tiene nada. Además el camarero es un poco… demasiado amable y nos pone un poco nerviosos. Siempre se está interesando sobre si está bueno lo que nos ha servido sobre si estamos cómodos… siempre está hablando con los clientes que pueblan el local… yo creo que este hombre montó un bar para hacer amigos porque si no no me lo explico.
Si a alguien se le ocurre una idea para sacar a Astracán decidmelo porque está muy triste… aunque en metro he tardado lo mismo que en el coche en llegar…
Cada vez que se acordaba de su mujer le entraba una gran congoja. Ya nunca más la recuperó. Y lo prefirió así ya que si no le habría acompañado a la cumbre de riquezas que había amasado y se habría dado cuenta, como él, de que aquello no era suficiente. O, peor aún, que aquello no era lo que en realidad buscaban. Lo que ahora él tenía y compartía con todo el que le preguntaba.
Pasado el tiempo los negocios comenzaron a ir mal y tuvo que irse desprendiendo de sus tesoros que tanto le habían costado. Cuando lo hubo perdido todo pensó que iba a morir, que su vida no tenía sentido. Pero vió que no moría, y que respiraba y vivia igual que cuando lo tenía todo. Que aunque durmiera entre cartones soñaba lo mismo que entre almohadas de plumón de oca. Que la sopa aguada de la hospedería le alimentaba igual que el foei de pato del mejor restaurante. Que al no tener nada no se tenía que preocupar por conservar nada. Y empezó a comprender. Se dió cuenta de que la felicidad no está fuera, sino en él mismo. De que cada día que vivía no era ya un derecho, sino un regalo. De que un pobre no puede ocultar su miseria, esa miseria que los que tienen se esfuerzan por que no se les vea. De que, en definitiva, ahora era libre.
Como siempre que pensaba en estas cosas terminó sonriendo. Se mesó la barba de tres días que llevaba, se peinó los cuatro pelos que coronaban su cabeza y abrió el taburete de playa que llevaba en su mano izquierda. Se sentó. Abrió la funda de la guitarra que llevaba en su mano derecha y sacó ésta. Extendió la funda delante de él, cogió la guitarra y comenzó a tocar. Era una melodía medieval que hablaba de amores y desamores, de encuentros y desencuentros. De alegrias y de tristezas. Hablaba en definitiva de la vida de cada uno. Hablaba de la vida del que la interpretaba y él lo sabía.
Los viandantes pasaban por delante con prisa por llegar a tiempo a su trabajo, con el estress dibujado en su rostro, sin darse cuenta de la alegría con la que aquél pobre mendigo, aquél en el que nadie se fijaba tocaba su desafinada guitarra.
11 personas superaron su miedo al qué dirán y pusieron un comentario:
Carlos ¿por qué te quitan la tarjeta de residente? ¿ te has empadronado en otro lado?
Yo tengo la tarjeta del barrio de mis padres porque sigo empadronada allí y tengo todo allí; cuando me renove el DNI hace unos meses, seguí con la dirección allí y cuando me compré el coche en junio puse la dirección de casa de mis padres de esa forma no me la pueden quitar.
Hola Myriam!
El problema es la domiciliación de mi carnet de conducir. Está domiciliado en mi actual casita. Por eso no puedo pillar la tarjeta de residente del coche… creo que en el DNI no se fijan. ![]()
Pero buenoooooooo, ¿por qué lo has domiciliado en una casa de alquiler??? No domicilies nada en una casa que no es tuya, yo lo tengo todo (menos los bancos) en casa de mis padres, ya que nunca van a cambiar de casa y yo en menos de 2 años he cambiado 2 veces!!!
Ya, el problema está en que en la autoescuela me pidieron mis datos para hacer el contrato sin avisar que sería el que pondrían en el carnet de conducir… y luego lo plantaron en el carnet sin preguntar ni nada. Lo llego a saber… ![]()
:neutral:vaya, historia triste:cry:, se quedo sin dinero y sin amor.Quiero una segunda parte UN FINAL FELIZ:razz:
vaya jaleo con el coche te traes…En Madrid lo mejor es el trasporte público (en serio)
Hola Gioconda!
No es triste! Es la más alegre de las historias. Un hombre que se da cuenta de que la felicidad no está en las cosas sino en saber valorar que cada día es un regalo! Hay más felicidad?:smile:
Jejeje!! Andando!! El capitán del Buque Negro tiene a bien leerme!!
Esto sí que es un honor!!
Por ser tú lo pondremos con papel tan brillante que tendrás que desenvolverlo con las gafas de sol puestas!:razz:
Un saludo, agados!!:wink:
Carlito: Para conseguir la tarjeta de residente de coche, si no lo consigues con lo del empadronamiento intenta pillar la terjeta de residente temporal (que me parece vale apara un año). Yo la tengo (porque tenía los mismos pb que tú), y la verdad es que no tardé nada en hacermela. Solo me pidieron DNI, papeles del coche, carné de conducir, y unos recibos de luz, agua, tlf. Además me lleve el contrato de alquiler (por si acaso). Tengo todavía el expediente en casa por si necesitas más detalles. Un beso, suerte!
Doro
Dorooo!!!
Que alegría leerte!!! Muchas gracias por tu consejo! Me pondré en marcha con ello!!
Un besote!:wink:
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