Golfo se levantó de su colchoneta. Había dormido estupendamente. Realmente era un invento esto de dormir al lado del árbol de metal caliente. Lo que más costó fue conseguir que los humanos se dieran cuenta de que era eso lo que quería. La verdad es que a veces se nota lo tontos que son estos hombres. La idea de dormir ahí no era suya. Se la había sugerido Chispa el otro día en el parque. Y la verdad es que se lo tenía que agradecer.
En cuanto se puso de pie echó los cuartos traseros para atrás doblando un poco sus patas mientras estiraba las delanteras y daba un bostezo tan grande que se le rizó la lengua. Luego fue en dirección a la cocina. Tenía más hambre que un humano obeso así que salió a trotecillo rápido. Cuando llegó a la cocina estaba la humana mayor tomándose un café. En cuanto llegó se alegró mucho y le llamó “Golfo!! grigrigrigri guapo grigrigrigrigrigri comer?” Eso estaba bien, que le dijera lo de la comida mientras le acariciaba el lomo, así que se puso a mover el rabo en señal de aprobación.
Era increible cómo le alegraba a los humanos el ver que hacía ese movimiento. Es cierto que lo hacía muy bien y que todos los perros del parque le felicitaban por lo bien que lo hacía, pero tampoco era para tanto. Todos los animales con rabo lo podían hacer. Igual les gustaba tanto porque ellos no tenían.
La humana seguía diciendole cosas raras. Otra demostración de la estupidez de los humanos es que le hablan a uno como si les entendiera. Y venga parrafadas!! Así que se vió en la necesidad de meterle un poco de prisa ladrándole un “Venga!” acompañado de un toque con la mano izquierda en su rodilla. Esto hizo que se riera y en seguida se levantó a ponerle su comida.
Golfo adoraba aquellas bolitas crujientes. Sabían a carne y era muy divertido masticarlas. Sonaban a hueso roto… le daban a uno la impresión de que tenía mandibulas de acero. Era consciente de su suerte. A muchos amigos no les gustaban y les obligaban a comerlas. Qué crueles son los humanos a veces! Casi se olvida del agradecimiento de rigor. Golfo era un magnífico Labrador blanco con uno de los mejores pedigrees del mundo y sabía que era lo que tenía que hacer. Así que levantó la cabeza del plato, miró a la humana y en su honor movió el rabo. La humana le acarició la cabeza, señal de que podía seguir comiendo.
Una vez hubo terminado se bebió medio cacharro del agua. Qué barbaridad, la sed que dan estos bichos. Luego se sacudió y se fue a ver a quien se encontraba por allí. En la sala estaba el humano mayor, según parecía tenia el nombre de Pancho ya que se referían a él muchas veces con ese vocablo. No sabía lo que podía significar, pero tampoco le importaba. Fue a cotillear lo que hacía. Estaba mirando ese ingenioso aparato para limpiar la dentadura. Consistía en un conjunto de láminas flexibles que al ser mordisqueadas limpiaban el espacio interdental. Eran muy útiles, sin embargo eran objetos adorados por los humanos. Se tiraban horas y horas mirandolos y a alguno había visto musitando una oración mientras lo miraban. Y si alguna vez se le ocurría usarlo le echaban una regañina tremenda. Eran bienes muy preciados por los humanos, por lo que había desistido ya de asearse la dentadura. Si le olía el aliento ya sabía a quién echarle la culpa.
Al verle el humano le saludó con los sonidos de siempre y le acarició la cabeza. Bastaba que le empezara a acariciar la cabeza para que le entrara el mono de seguir siendo acariciado, entonces apoyó la cabeza en la pierna y se quedó ahí hasta que las patas empezaron a flaquearle por el sopor y se cayó tumbado en el suelo. Que gustito más bueno!
Una vez allí decidió asearse un poco, así que se lamió la mano izquierda y empezó a pasarsela por la cara para ver si se espabilaba un poco. Hecho esto cuatro o cinco veces (no más porque era muy cansado) decidió pasar a lavarse la única parte que tenía sin pelos. Pero estando en plena faena, el tal Pancho empezó a regañarle. Es el colmo. Parece que les sienta mal qe uno sea limpio y aseado. Además, tenía comprobado que si no se limpiaba bien todos los días terminaba picándole.
Decidió levantarse e irse a otro sitio a lavarse lejos de las miradas del humano, así que se fue al recibidor de la casa que además tenía alfombra y se empezó a asear. Estaba en mitad de la faena cuando de pronto un mini limpiador dental se escurrió por debajo de la puerta. Se levantó y se puso a olisquearlo. Olía a colonia. Lo cogió con mucho cuidado y se lo llevó al humano. Sabía que por cosas como estas sería recompensado con unas cuantas caricias en el lomo. Y recién levantado es lo que más le podía apetecer.
Una vez llegó hasta donde estaba el humano se la enseñó. Éste se la cogió de la boca y le dió las pactadas caricias en el lomo. Mmmm… que maravilla. De pronto dejó de acariciarle, le miró y estaba concentrado en el minilimpiador. Es increible la atracción que sienten por esas cosas. Por entretenerse se puso a leerle la mente al humano. Ésta es una cualidad que tienen todos los perros pero que pocos usan por lo tremendamente aburrido que es. Pero le picaba la curiosidad así que se puso a mirar fijamente al tal Pancho y escuchó sus pensamientos: “Qué raro! Una carta… y esa K y esa N? Que querrán decir? vamos a ver que pone!!. Y Golfo empezó a leer con él:
Vuelve Astracán!!
Jamás pensé que fuera a ser tan duro esto de vivir sin el apoyo de mi querido Astracán. Es cierto que para ir a trabajar casi es mejor hacerlo sin coche, pero para todo lo demás es mucho peor. Sobre todo a la hora de salir del trabajo, cuando el metro está lleno a rebosar y no hay forma de huir de la desagradable sensación de sentirse objeto de todos los tocamientos habidos y por haber. A Dios gracias ayer no fui manoseado por nadie, porque me fui en autobús. La razón no fue otra más que la de ver a mi muy querido Rubén que quería presentarme a Gloria, una mujer encantadora que le toca aguantar los desvaríos del más alto licenciado en derecho que conozco (mide metro noventa y mucho). Estuvimos en la cafetería-museo Lateral. Digo cafetería-museo porque ahí la gente no se toma el bocadillo de panceta, se deleita en mostrarse tomando un emparedado de bacon. Mucho pijerío hay allí. El caso es que me invitó a una cervecita que me supo muy bien, más que nada por la magnífica compañía. Tras tomar el refrigerio tuvieron el detalle de acercarme a casa. Detalle que agradecí porque no me apetecía ser sobado en el metro. Si fuera en otro sitio y por otros seres tal vez sí, pero en el metro no señor!
Una vez en casa me fui a hacer unas compritas, las básicas para la subsitencia de este ser bípedo: leche, pan y huevos. Parezco un anuncio de dieta mediterranea o algo así. En casa cené un bocadillito de tortilla porque me había quedado con hambre en la comida. Resulta que había quedado con Laura para comer pero se ve que se le olvidó porque no dió señales de vida, por lo que me tocó ir a comer con la simple compañía del libro que me estoy leyendo al VIPS (que barbaridad, parece que me llevo comisión!). Me tomé un VIPS club con cocacola light y la verdad es que no llena demasiado pero está muy bueno.
En el VIPS me tocó sentarme en la barra, al lado de la puerta de las cocinas, y es curiosa la relación que los camareros tienen entre ellos. Es de mucha camaradería. Me gusta como se llevan pero me disgusta la poca prisa que se dan para traer las cosas. Nada es perfecto!
La primera consecuencia negativa de lo de no llevar a Astracán es el no ver a Maribel. Espero que esto se corrija en los próximos días. Aunque con lo que me ha dicho Doro en este comentario. Tal vez haya luz al final del tunel. ¡Gracias Loca!
Respecto al tiempo de Navidad diré que me parece muy …
En ese momento, Golfo -que ya empezaba a estar cansado de la cartita- oyó un grito característico dicho por el hijo de los adultos. Era algo así como “Golfo, a la Calle!!”. Le faltó tiempo para salir corriendo hacia la puerta de entrada. Tan nervioso estaba que se puso a saltar para que le pusiera cuanto antes la correa y así salir a la calle. “Es indignante tener que hacer todo esto para poder descargar la vejiga” pensó mientras abrian la puerta de la calle.
3 personas superaron su miedo al qué dirán y pusieron un comentario:
uffff, que ritmo de escritura, ¿de donde sacas el tiempo chico? ¿y la imaginación?:shock:
a duras penas me cuesta seguir tu ritmo, y no me quiero rendir….
en fin, nos vemos por la feria del tocino ![]()
La imaginación al poder!
Es fácil… pongo lo primero que se me ocurre! Lo del tiempo ya es otra cuestión… depende del día…
Un saludo!:mrgreen:
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