Francisco, siendo un niño de apenas 8 años, estaba aburrido. Era un 10 de agosto. Estaba en el pueblo que le vió nacer y estaba solo. Todos sus amigos, que es como decir todos los niños del pueblo (tan pocos habitantes tenía) estaban de vacaciones con sus padres y él no tenía con quién jugar. Harto de dar paseos por el pueblo decidió dar un paseo con su bicicleta por el bosque que había a la salida del pueblo. Había oido terribles historias sobre él, incluida una sobre un pozo traicionero que concedía lo que se le pidiera siempre y cuando se le diera algo a cambio. Su madre le había prohibido terminantemente el acercarse al bosque pero fue allí en un intent de huir de esa terrible sensación de estar sin saber que hacer.
Estuvo paseando por las lindes del bosque para ver si le ocurría algo o si veía algún monstruo, animado por ver que nada ocurría siguió paseando cada vez más cerca de los primeros árboles que cerraban el bosque, hasta que traspasó el primero. En cuanto la sombra de los árboles empezó a cubrirle y sintió el frescor de la penumbra que producían, su corazón empezó a latir con fuerza y tuvo que respirar profundamente para tranquilizarse. Cuando superó las ganas de salir corriendo empezó a andar por el bosque. En seguida observó que el suelo estaba repleto de hojas secas, es como si ningún hombre o animal hubiese puesto su pie sobre aquél bosque en siglos.
A medida que avanzaba con sonora aparatosidad por encima de las hojas que cubrían sus tobillos se dió cuenta de una cosa. Se paró. contuvo la agitada respiración y lo confirmó: no se oia nada dentro de ese bosque, ni a los pájaros, ni los pasos de ningún animal… ni siquiera el viento. Esto terminó de convencerle de que nunca debió cruzar el linde del bosque. Se dió la vuelta y decidió volver sobre sus pasos. Sin embargo, a pesar de haber avanzado sólo unos pocos pasos, no terminaba de encontrar el camino de vuelta. El bosque maldito lo tenía preso. Como haría cualquiera de nosotros si algo parecido le sucediese, Francisco empezó -por pura desesperación- a correr. Corrió sin reparar hacia dónde iba, arañándose las piernas con las ramas caidas, rozándose contra los troncos… tan asustado estaba que no reparó en que las hojas del suelo empezaron a escasear. A medida que entraba en el bosque el terreno se hacía más y más despejado. Cuando no pudo más y el cansancio hizo que parara, advirtió que se encontraba ante un claro en cuyo centro había un pozo. El respingo que dió era digno de constar al lado de la definición de respingo de los diccionarios del mundo. ¡Había descubierto el pozo de los suspiros! Con una cautela reverencial observó el pozo, estaba hecho de bloques de granito en cuyas juntas crecía el musgo, El borde del mismo estaba rematado por un borde hecho con piedras de pizarra negra más anchas que, en su mayoría estaban descascarilladas y apenas eran testimonio de lo que fueron. Además se encontraban cubiertas de hojas que apenas dejaban verlas. Se fue acercando lentamente, como si temiera que el pozo saltara sobre él y se lo tragara sin contemplaciones. Por fín, se acercó a su borde, sin poder reprimir el impulso miró por su ojo a ver si veía agua o el cuerpo de la princesa muerta de la que hablaba la leyenda. Cuando puso las manos sobre las hojas que cubrían el borde del pozo oyó un ruido distinto al de las hojas secas. Extrañado separó las hojas en las que se había apoyado u descubrió un papel, o al menos eso parecía tras el paso del tiempo, con cosas escritas en una elegante y antugua caligrafía. Era un sobre hecho con pergamino en el que se podía leer “al Rey”. El niño se quedó embelesado mirando la carta, a trasluz podía ver que dentro había un pergamino también escrito. Se quedó perplejo pensando que tal vez fuera la carta que escribió la princesa a su padre cuando murió. Pero esa carta… tenía entonces más de quinientos años… y cómo se había mantenido tan bien tanto tiempo? y cómo es que nadie la encontró. Pensando estas cosas golpeaba sus dedos con la carta y como quiera que no llegó a ninguna conclusión se la guardó en el bolsillo para leerla después de mirar en el pozo. Se volvió a apoyar en el borde del pozo y echó su cabeza hacia delante. Con gran esfuerzo, pues el borde era muy ancho, logró llegar a ver por el ojo del mismo. Pero no vió nada más que la negrura propia de los pozos, junto a dicha oscuridad oyó lo que en principio pensó que era el sonido del arroyo subterraneo al que conducía el pozo, pero prestando más atención se dió cuenta de que era una voz de mujer que le decía algo en un tono de advertencia. Tras unos segundos logró entender lo que le decía esa voz que había logrado erizarle los pelos de la nuca. Decía con una infinita tristeza: “Cuidaaadoooo, cuidaaaaado…. no te acerques al poooozoooo, que de ilusiones vive y para alimentarse te las quitaaa….”.
De un respingo se bajó del pozo. Pensaba volverse, pero se acordó de la leyenda “Si le das algo que realmente quieres al pozo de los suspiros, éste cumple el deseo que tú le pidas”. Se acercó al pozo y preguntó “¿Es cierto lo que de tí se habla? ¿Es cierto que concedes aquello que se te solicita siempre que al solicitante te entrega aquello que de verdad quiere?”. No sabía muy bien a quién preguntaba ni por qué… pero necesitaba saberlo. Tras unos segundos tenso, callado, esperando… llegó a la conclusión de que nadie iba a responder e inició el regreso. Apenas se dió la vuelta cabizbajo oyó una voz hueca, grave y carente de alma que decía “Sí, es cierto!”. El niño, asombrado, se dió la vuelta rapidamente y vió al pozo brillando como si estuviera rodeado de luciérnagas o como si le hubiesen sacado demasiado brillo al limpiarlo. Se acercó lentamente y apoyando las manos en el brocal acercó la cara al ojo del pozo. Estaba a punto de decir algo, cuando volvió la cabeza hacia la izquierda, pensativo. Tras meditarlo durante dos minutos descubrió lo que realmente quería pedir y acercó la boca al pozo -como el que se acerca a contar un secreto a un amigo- y dijo en un tono de voz quedo “Quiero no volverme uraño con el paso del tiempo, quiero que cuando los años carguen sobre mi espalda como pesado fardo no me hagan perder la ilusión por vivir, quiero que las preocupaciones no me hagan ciego a la alegría y quiero, en definitiva, ser feliz mientras viva. Sin embargo soy un niño, y nada tengo. ¿Cómo podré pagarte?”. El Pozo bramó entonces “Me puedes prometer algo futuro…”. Francisco, tras pensárselo unos segundos decidió qué dar al Pozo, así que se acercó de nuevo y cuchicheó tan bajo lo que daba que sólo él y el pozo supieron lo que decía. Y al tiempo le pareció oir un llanto desgarrador de mujer que subía del interior del Pozo.
Tras oir lo que el niño, en su inocencia pedía y en su ignorancia prometía, el pozo se iluminó aún más fuertemente. Tanto lo hizo que Francisco tuvo que cerrar los ojos. Al abrirlos de nuevo se encontró apoyado contra uno de los árboles de la entrada del bosque. Sorprendido se desesperezó y se dió cuenta de que todo había sido un sueño. se levantó y descubrió que se encontraba lleno de hojas secas. Al sacudirse para quitarselas descubrió que llevaba algo en el bolsillo. Al momento se quedó petrificado y una gota de sudor le bajó por la sien. Se metió la mano en el bolsillo y sacó lo último que habría pensado que se iba a encontrar: Un sobre de pergamino con el siguiente texto escrito con elegante caligrafía: “al Rey”.
Con mano temblorosa abrió el sobre y sacó la carta que contenía. En su encabezado tenía un membrete con dos letras: Una K y una N entrelazadas apenas distinguibles porque la tinta, con el paso del tiempo, había quemado el pergamino que ahora aparecía parduzco. Debajo había una carta que empezó a leer:
Días de ajetreo navideño
Antes que nada deciros que siento no haber podido escribir hasta ahora, pero es que he tenido cierta acumulación de trabajo que han impedido que pudiera hacerlo antes. El trabajo ha sido de todo tipo, desde Web Are You hasta aquí donde trabajo… no he tenido descanso. Hoy he logrado terminar todo lo que tenía que hacer y tengo tiempo para escribiros estas líneas. La verdad es que lo echaba de menos. Puede que [censurado] tenga razón y esté un poco enfermo por escribir este bicho. Pero cuando en este tiempo leía alguno de los blogs que tengo por costumbre leer, me entraba una envidia sana de querer yo también poner mis tonterías en negro sobre blanco.
Ya está a la vuelta la Navidad con todo lo que ello entraña. La primera consecuencia directa es una completa desorientación por mi parte. Esto es debido a las múltiples casas en las que cabe la posibilidad que se celebren las distintas fiestas. Antes, cuando ninguna de mis hermanas habían cometido la locura de casarse, era fácil: celebrabamos todas las fiestas en casa y “sansacabó”. Pero ahora no paro de ponerme en evidencia. Los que me conoceis sabeis que soy un tanto despistado (no tanto como el de Campo de Criptana, pero algo así) y cuando Maribel me pregunta, por ejemplo, dónde voy a celebrar la Nochebuena, no puedo evitar ponerme rojo al tiempo que miro hacia el suelo y con un hilo de voz decirle “No lo sé…”. La cara de pasmo de Maribel en ese momento es sólo comparable a la que debió de poner el descubridor de que con dos palitos se puede hacer fuego. Y es que no me aclaro. Son 4 casas posibles para 4 fiestas distintas. Y tampoco os penseis que me resulta fácil preguntarlo en casa, porque entonces todas saltan sobre mí y me empiezan a decir que si soy un mal hermano, que si no me fijo que si tal y que si pascual. Total, que he decidido inventarmelo cuando me pregunten. Y si voy con alguna hermana dejo que sea ella la que conteste.
Por otra parte están los regalos. Si hay algún niño menor de 8 años leyendo esto que no lo siga haciendo a partir de aquí porque si no se va a dar cuenta de que los Reyes son los padres (en el caso de Froilan, los abuelos). El caso es que es imposible acordarse uno de todos los regalos que tiene que comprar y mucho menos el cargar con todos. Para mi desgracia suelo hacer esto el día 24 con el consiguiente sufrimiento de colas y sobreprecios. Luego confundo regalos, no sé si el secador alisador me lo ha pedido mi hermana Cuchi o Maribel, no sé si lo que me pedía otra hermana es una camisa o unos pantalones… menos mal que si se les regala ropa se conforman.
A mi personalmente estas fiestas me gustan a medias. Es una buena ocasión para ver a los familiares que no ves todos los días, es decir a tus cuñados y para regalar y que te regalen. Mi caso es curioso ya que debo de ser el único varón del mundo que se compra las corbatas. Nadie me regala corbatas. Es cierto que es un regalo típico, pero en mi caso es tópico porque nunca me regalan ninguna. Espero que esto no lo lea demasiada familia y no me empiecen a forrar a corbatas…
Aprovecharé estas navidades para felicitar a mi cuñado Javier por más cosas a parte de las fiestas. Él sabe bien a qué me refiero. Y no, no es que estén esperando ningún hijo ni nada. Es simplemente el reconocimiento a tanto trabajo. También felicitaré a mi cuñado Javier por cuidar tan bien a Chufa y a mi cuñado Miguel por llegar a la cuarentena con tan buen aspecto.
Por otra parte no me gusta el tema de las uvas. Bueno, lo de las uvas sí. Lo que no me gusta es toda la parefernalia de alrededor, toda llena de superstición: poner oro en el plato de las uvas, llevar ropa interior roja (esto último especialmente absurdo)… ya el colmo fue un año en que tenía que tomarse uno las uvas de pie con el pie derecho adelantado. Mentras no pidan que lo hagamos haciendo el pino… pero lo que más odio con toda mis fuerzas son las uvas peladas y enlatadas. Están repugnantes!!! el año pasado las puso mi hermana por hacer la gracia y fue un espanto!!! Ruego a Dios que este año, sea cual sea la casa que toque, no se repita!!
A ver lo que depara la fiesta de año nuevo este año…
Francisco sonrió al recordar aquella carta tan absurda que aún conservaba. Una voz le hizo volver a la realidad: “¿Bueno, te acuerdas, te acuerdas que lo que propusiste pagar a cambio?”… (continuará)
10 personas superaron su miedo al qué dirán y pusieron un comentario:
magistral karlankas, como siempre
¿quien de pequeño no ha tenido los temores y miedos de un pozo misterioso?, creo que ese ha sido un recuerdo de nuestra niñez,
nos vemos pronto, prontito
¡Que bien que vuelven los relatos y anecdotas de la vida cotidiana! ¿O era al revés? Bueno… el caso es que me alegro de volver a leerlos, ya me estaba entrando el mono.
Saludos. ![]()
epa2!! No me digas que vas a venir a Madrid!?:eek:
Me alegro, Javier de que lo echaras de menos… tampoco creo que sea para tanto pero reconforta. Un saludo!!:wink:
Mi buen marcianito, de verdad que esta historia me tiene intrigada, terminaré tan adicta que necesitaré terapia intensiva.
Alguna vez intentaste comprar los regalos antes, para que no te desgastes peleando con tanto santa a última hora, digamos… que empieces a comprarlos en marzo para tener todo listo en agosto.
Vamos, que estoy en las mismas condiciones que tú, absolutamente nada listo
Un beso, y a seguir leyendo, a ver si llego al final de la historia.
Tilu
PD: se siente raro estar en medio de tanto español ![]()
Tilu!!:smile:
Pues el desenlace lo tienes en el mensaje de hoy…:wink:
Soy un puro desorden!!:sad:
HOla que he estado mirado tu blog, aunque no todo por que es inmensooooooooo jiiji:smile: y que me ha agradado la letra que tienes en los titulos de las historias o de lo que escribes, vaya la de color azul, como se llama??
Un saludo desde Mty, Nuevo Leon, Mexico.
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