22 Dic 2004

El puercoespin vanidoso

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http://www.karlankas.net/blog/wp-images/erizo.jpgErase una vez un puercoespín que quería ser ciervo y todas las noches lloraba y pedía a la estrella de los sueños, esa que sólo conocen los erizos, que le concediera su deseo. Cada noche se acostaba con la esperanza de ver su sueño cumplido y cada mañana se levantaba con la tristeza de ver que seguía teniendo las patas cortas. Esto le hacía sufrir mucho.

Un buen día estaba en mitad de un claro del bosque, sentado encima de un tronco seco cuando la inteligente zorra le vió llorar y se acercó a él simulando apiadarse de él. Y le dijo:

-¡Oh! ¡pobre puercoespin! ¿Qué es lo que tanto te aflige? -El puercoespin al ver que tenía a alguien que le escuchara se asinceró abiertamente:
- Que qué me ocurre? -preguntó simulando sorpresa- Llevo más de la mitad de mi existencia con un único deseo. Y no se me cumple- contestó, no pudiendo reprimir los llantos antes de terminar la frase.
- Pobre puercoespín, y cual es ese deseo tan importante? -preguntó la zorra mientras se acercaba al pequeño roedor.


- Yo no quiero ser puercoespín, yo quiero ser un ciervo!! -gritó con todas sus fuerzas antes de volver a romper en llantos- y por más que se lo pido a la estrella de los deseos sigo siendo un pequeño y desagradable puercoespín! -La zorra, viendo la ocasión de servirse de la vanidad del erizo para comerselo empezó a decirle:
-Realmente, siendo tan gallardo e inteligente no sé por qué pretendes ser un ciervo. Si tu porte es mucho más elegante.
-¿Tú crees? -preguntó poco convencido el puercoespín que empezaba a gustarle lo que le decía la letal zorra.
-Claro que sí! Y esa afilada nariz, lista para captar cualquier olor, esas manos fuertes para cavar si es necesario! Nada de eso lo tiene el bobalicón del ciervo -dijo la zorra con la mirada fija en el cielo, como si recitara un poema.
-¿Bobalicón el ciervo? -preguntó extrañado el puercoespín sorprendido ante esa revelación.
- Más de lo que te imaginas… en realidad, raro es el animal del bosque que iguale tu inteligencia, amigo erizo. Nada me gustaría más que ser uno como tú…
-Como yo?!?! -el pobre puercoespín, que había caido totalmente en los engaños de la zorra no podía entender como un animal con movimientos tan elegantes y pelaje tan estupendo pudiera querer ser como él.
- Por supuesto!! Sobre todo con esos pelos largos y fuertes que tienes. -El puercoespín, al oir esa referencia a sus espinas contestó indignado:
-¡Qué va! si estas espinas son las que me hacen mantenerme lejos de todo el mundo!! En cuanto alguien se quiere acercar le pincho!
- Cómo que pinchas? -preguntó con aparente sorpresa la zorra- eso es una contrariedad! Con lo agradable que parece! Y no podría acariciarte el lomo?
- Si lo haces, de buen seguro que saldrías escaldada -le dijo el incauto a la que creia su nueva amiga -si quieres acariciarme tendrías que hacerlo por la tripa que la tengo suave y tersa. La zorra, al oir eso no pudo evitar relamerse, pero en seguida retomó el papel que estaba representando y dijo:
- Vaya! Y podría ver cuan tersa es tu piel por ahí abajo? -al ver que el puercoespín dudaba la zorra insistió- Debe de ser una experiencia agradabilisima acariciar el pelaje de un animal tan excepcional! -Esto terminó de convencer al erizo que, de forma insensata, se volteó mostrando su única zona vulnerable y le dijo:
- Ves mi tripa? es blanda y suave, acariciala si quieres. -la zorra aprovechó ese momento para acercarse con mirada asesina a la tripa del puercoespín, el cual al comprender las intenciones de la zorra, instintivamente se encogió y se hizo una bola. La zorra, al ver que su almuerzo se había convertido en una bola de pinchos intentó frenarse, pero llevaba tanto impulso que no pudo parar a tiempo y fue a dar con su hocico en todas las espinas aullando de dolor. Se tiró al suelo y empezó a retorcerse intentando quitarse las espinas clavadas con las patas delanteras. Estando así las cosas, el puercoespín aprovechó la desesperación de la zorra para salir corriendo.

Cuando se vió a salvo agradeció el tener esos largos pinchos en lugar de pelos y se dió cuenta de que precisamente lo que menos le gustaba de su cuerpo era lo que le había salvado de una muerte segura. Y comprendió que era perfecto y a partir de ese momento ya nunca más quiso ser un ciervo y paseaba orgulloso sus espinas por todo el bosque.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado!!


Feliz Navidad y Próspero año nuevo!!!







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