29 Dic 2004

Un mal día

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http://www.karlankas.net/blog/wp-images/gargola.jpgFederico Sortí salió de su despacho feliz por haber cerrado el negocio con los japoneses. Era el contrato más importante que se había firmado por su departamento en los últimos 10 años y lo había hecho él. Estaba pletórico. Y más si tenemos en cuenta que sólo llevaba en la empresa 6 meses. Aleteaba más que caminaba. Iba a ver al Director para rendirle cuentas del resultado de las negociaciones. Esperaba que, por lo menos le ascendieran a uno de esos puestos que tan bien suenan en inglés. Sabía que iba a ser objeto de muchas envidias por parte de sus compañeros, pero sabría sortearlas.

El edificio donde se encontraban sus empresas era uno de los más modernos de la ciudad. Diseñado por el estudio ARQUO contaba con todos los avances tecnológicos y con un curioso sistema de distribución que hacía que para pasar de una sección a otra había que pasar por una terraza que se encontraba en el medio del edificio. Esta terraza tenía un jardín precioso lleno de árboles frutales y flores. El paso entre secciones siempre transcurría por ese jardín. Estando Federico en el mismo vió cómo de pronto el cielo se encapotaba. Antes de que pudiera salir corriendo un rayo, desatendiendo la llamada de los pararrayos de la zona fue a chocarse contra su cabeza.

Cayó desmayado en el suelo y, pasados unos minutos, se levantó como si nada hubiese ocurrido. No notaba nungún dolor ni nada parecido. Ni siquiera recordaba que le hubiese caido un rayo encima. Se levantó y, extrañado por encontrarse en el suelo, se metió en el sector de los directivos. Buscó el despacho de su director y llamó a la puerta. Cuando le dieron el consabido “Adelante!” entró para descubrir a su jefe que le miraba con cara de sorpresa. “Pero Federico! qué te ha pasado?!” preguntó con sorpresa. “No lo sé -dijo este- me acabo de notar desmayado en el suelo de la terraza y no sabría decirte por qué”. “Puede que eso explique lo pálido de tu rostro. Pero cuentame! Qué ha pasado con los japoneses?”. “Que firman!! -dice todo ilusionado- aceptan todas nuestras condiciones!!”.

En ese momento Federico pensó que su jefe se le iba a acercar para darle un abrazo o algo parecido pero viendo su cara de repugnancia se dió cuenta de que no lo iba a hacer. Vió como poco a poco éste se iba alejando se su lado al tiempo que notó un dolor punzante en la cabeza que hizo que cayera al suelo. Notó como poco a poco sus hombros se iban ensanchando, como sus cejas se sobredimensionaban, como sus muslos se iban haciendo cada vez más musculosos. Veia todos estos cambios y los notaba. Un dolor acompañaba cada una de esas metamorfosis. Hasta que en un momento determinado por su espalda comenzaron a abrirse paso lo que parecían unas alas, pequeñas al principio pero que poco a poco iban creciendo en tamaño y envergadura. La membrana que unía los huesos era de un color pardo. Su piel se iba tornando del mismo tono y sus colmillos comenzaron a crecer hasta sobrepasar los labios.

Cuando pasó el dolor se levantó. Su jefe le miraba con autentico espanto, paralizado. Federico le miró sin comprender. Se miró las manos y al verlas deformes, con un tono verduzco y con unas uñas que más bien parecían garras se asustó. Buscó frenético dónde mirarse. Cuando encontró un espejo no quiso creer lo que veia. Se había convertido en una gárgola. Nada más verse pensó “Al garete la comisión por el contrato!”. Cuando volvió en sí para seguir hablando con su jefe este había desaparecido. Miró a su alrededor y vió que ya no estaba en el despacho, sino en una sala blanca con las paredes acolchadas. En frente tenía un gran espejo apaisado que recorría toda la pared a la altura del pecho. Comprendió que estaba en algun tipo de pabellón psiquiátrico de algún hospital. Se sentó derrotado en el suelo, al hacerlo miró sus manos y se dió cuenta de que eran las suyas, es decir, las de una persona. Se miró en el espejo apaisado y vió que volvía a ser Federico. Un suspiro se escapó entre sus labios y sonrió.

Se levantó y al hacerlo descubrió que iba vestido con un camisón de hospital. ¿Habrá sido todo una pesadilla? Y si lo era, por qué estaba en el hospital? (continuará)







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