Gregorio se levantó. Esto no habría sido digno de mención si no fuera porque Gregorio era paralítico. Él mismo era consciente de lo extraordinario del hecho. Todos los días al despertar hacía el intento, vano hasta ahora, de levantarse. Era el último resto de la negación de la evidencia que le quedaba de cuando tuvo el accidente. Ya lo hacía como una rutina más, como un derecho-deber. Derecho a mantener la esperanza y deber de seguir albergándola. Ese ejercicio mental había dado su fruto en el cuarto de Gregorio ese quince de mayo, tres años después del trágico suceso que le arrancó la posibilidad de valerse por si mismo.. Y ahí estaba Gregorio. De pie. Con la misma sensación que debe tener el típico perro que, por instinto, se dedica a perseguir a las palomas y un día atrapa a una. Una sensación de sorpresa, de miedo, de ignorancia. Y unos pensamientos… ¡qué pensamientos! Nunca su cerebro había trabajado más rápido analizando la situación. Meditando sobre las posibles causas, sopesando las posibilidades de que fuera una mejora temporal, o un sueño, o algo imposible.
Desde la atalaya a la que se acababa de subir miró a su izquierda para ver a su mujer que dormía en el lado izquierdo de la cama. Llevaba cinco minutos de pie y aún no había movido un musculo. Ni siquiera movió la cabeza para mirar a su esposa. Lo hizo con los ojos. Sopesaba la posibilidad de despertarla, pero tanto miedo tenía a perder aquél feliz momento, tanto miedo tenía de despertar de ese sueño que prefirió quedarse ahí de pie, como poste plantado, a la espera de que algo ocurriera.
Tras esperar otros diez minutos y comprobar que todo seguía igual decidió no moverse. Tenía miedo. Hacía demasiado tiempo que no andaba y tenía la certeza de que algo iba a ir mal. Aún recordaba el fatal instante en que dejó de andar. Era el quince de octubre de hace ya tres años. Hacía frio. Había quedado con unos amigos para ir a jugar al padel. No solía coger el coche, pero ese día se decidió a ir conduciendo porque llovía a mares. Estaba cansado por todo lo ocurrido en el día. Demasiado trabajo, demasiado estress. Al llegar al coche descubrió una tarjeta en el parabrisas. Estaba envuelta en papel celofan. Quien la había dejado había previsto que llovería. La agarró, se metió en el coche y lleno de curiosidad la abrió. Aún se lleva las manos a la cabeza cada vez que repasa mentalmente aquél día. ¿Por qué demonios tuvo que abrir ese sobre? ¿Por qué tuvo que leer esa carta?
La carta estaba encabezada con una K y una N entrelazadas. Y estaba escrita a mano. Con una caligrafía dificl de entender. La misiva venía a decir más o menos lo siguiente:
Dias ajetreados
Realmente es dificil escribir cuando hace tiempo que no se hace. No porque a uno se le olvide, sino porque se tienen que contar tantas cosas que uno duda que pueda llegar a contar si quiera la mitad. Para no saltarme cosas importantes diré que Laura, mi querida amiga desde tiempos de COU (Para los extranjeros y para la gente demasiado joven diré que COU significa “Curso de Orientación Universitaria” y es el último curso que se estudia antes de entrar en la Universidad… si es que se entra). Tengo mil anécdotas con la buena de Laura. La pobre sufría impotente las largas charlas que mantenía con la buena de María durante la clase de Historia del Arte. Esta actividad la realizábamos casi con total impunidad habida cuenta de que nos encontrabamos en los últimos sitios de una clase de cuarenta y cinco alumnos. Yo me sentaba en la penúltima fila entre María y Laura, y la pobre se volvía cada dos por tres suplicándonos que cerraramos la boca porque no oia al profesor. Nosotros la obedecíamos porque luego le pedíamos sus apuntes, y no era cuestión de que estuvieran mal tomados. La verdad es que ahora lo pienso y me doy cuenta de la de dinero que he tirado en fotocopias, ya que nunca estudié (al menos lo suficiente) dichos apuntes de Arte.
El caso es que, perdonad que se me vaya el santo al cielo, Laura celebró hace un par de semanas su petición de mano. Y allá que nos fuimos Astracán y yo. La primera dificultad con la que nos encontramos mi fiel montura y yo era que la casa de Laura se encuentra en Majadahonda (uno de los pueblos que circundan Madrid), más concretamente está en una urbanización dentro de Majadahonda. Realmente complicado… pero Laura nos había hecho llegar un magnífico plano en el que explicaba cómo llegar sin miedo a perderse. Y realmente funcionó. Lo seguí al pie de la letra y logré llevar a Astracán hasta la misma puerta. Luego tuve que dar marcha atrás porque estaba lleno de coches y la calle no tenía salida.
Realmente fue una prueba. Desde el tiempo de autoescuela no daba tanta marcha atrás. Recuerdo que en la autoescuela nos hacían hacer slalom marcha atrás entre unas varillas haciendo eses. Ni que decir tiene que yo las tiraba continuamente. Así que al verme de nuevo en semejante situación hizo que me volvieran a la cabeza los tiempos de “No, Carlos!! Así no!!” que me gritaban desde la radio del circuito de maniobras. El caso es que al dar marcha atrás ocurre una cosa curiosa: tú vas marcha atrás, centrado, sin acercarte a los bordes de la acera ni a los otros coches. Pero, inexplicablemente tienes que mover el volante. Es algo superior a tus fuerzas. Supongo que se deberá a la gran cantidad de películas que has visto en las que mueven de forma rítmica el volante de izquierda a derecha mientras miran la carretera cada 40 segundos. El caso es que estuve a punto de tragarme tres bordillos y chafar cinco puertas. Al final logré salir de la calle sin ningún altercado.
Aparqué un par de calles más a la derecha y entré en la casa. Había una fiesta magnífica llena de gente que me apetecía mucho ver pero que hacía mucho que no veia. Ahí estaba Laura, estupenda, junto a su novio José Manuel. Ahí estaban los dos más orgullosos que otra cosa del paso que acababan de dar. Tras felicitarles efusivamente me encontré a uno de los primeros amigos de los que tengo memoria. A Gonzalo. Gonzalo fue mi primer amigo del colegio. Entré en segundo de EGB (Escuela primaria) con siete años. Y él fue el primero que quiso jugar con ese niño delgaducho y excesivamente tímido que llegó nuevo. Y aún mantenemos la amistad. Es cierto que ya no jugamos juntos a las chapas y que tal vez ya no nos veamos tanto como nos gustaría pero siempre nos alegramos mucho cuando nos vemos. Aunque siempre que nos vemos nos metemos el uno con el otro. Es una tradición.
También estaba Elena, con su marido Carlos, María con Pedro (a cuya boda también fui), Sofía (¡¡¡Embarazadísima!!!) sin Javier que estaba cuidando al pequeño… iría uno por uno diciendo a todos los que ví pero es que eran muchos. Me alegré mucho cuando me enteré de que Gonzalo se había apuntado (por fín) a la autoescuela y le sugerí que revisara este blog para saber con qué se iba a encontrar cuando empezara a conducir.
La fiesta fue genial, nos reimos mucho. A las cuatro decidí irme porque ya estaba cansado y no quería empezar a dormirme en cualquier rincón. Así que tomé a Astracán y nos volvimos a Madrid. La boda es el uno de Abril. No me la pienso perder!
Tengo más cosas que contar pero ya las iré contando. Especialmente una que llevo tiempo queriendola contar. Pero no lo consigo… a ver si mañana.
Cuando terminó de leer la carta se dió cuenta de que tenía que hacer una cosa. Así que se levantó del coche y fue corriendo hacia su casa. El pobre Gregorio no pudo evitar empezar a llorar cuando recordó cómo aquél coche le atropelló. Realmente el conductor no tenía culpa. Llovía mucho, no se veía. Y Gregorio iba por enmedio de la calzada, presuroso por ir a su casa. Si no hubiese leido aquella carta… aún podría andar. Aunque… ahora estaba de pie. Tenía que decidirse a dar un paso.
10 personas superaron su miedo al qué dirán y pusieron un comentario:
Alaaaa, Karlankas melancholic! xDD
Qué guay que guardes tan buenos recuerdos… yo también tiré dinero en fotocopias… sobre todo fotocopias de filosofía ![]()
Si|vara!!
Muchas felicidades en tu cumple!!:mrgreen:
Has visto? Si es que cuando un carroza como yo se pone melancólicooo…
Intriga, intriga, dolor de barriga……. q curiosidad! no te olvides de contarnoslo…..
[font=courier new]Belenchina!!
Qué ilusión, un comentario tuyo!! Prometo terminar esta historia… ![]()
Carlitos! Qué ilusión volver a saber de ti. En fin, a ver si no pasan dos meses porque ya que no te veo por ayala… En fin, ánimo y di hechos concretos. Un besazo
Hey! Milú!!
Anda anda! Que tampoco hace tanto que no nos vemos, además que en Pascua nos veremos toda la noche!!
Por cierto, hablando de hechos concretos: me han dicho que alguien ha retomado algo que había dejado… ¿Tú sabes algo de esooo?:wink:
¿Yo? Espera que piense… pues no sé…
Todo a su tiempo que después de tantas idas y venidas una no sabe a qué atenerse. Si es propicio ya te contaré, pero tu reza, reza que eso nunca viene mal. Cómo has escurrido el vulto de tus hechos concretos… admirable
Perdón, bulto. Las prisas por irme me hacen cometer faltas ortográficas
Mi querida Milú… yo solo escurro bultos… ![]()
Mecachis, te me adelantaste en la broma!:lol:
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