21 Abr 2005

Astracán Mancillado

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http://www.karlankas.net/blog/wp-images/cerradura.jpgAcerco mis manos temblorosas al teclado para juntar las fuerzas necesarias para relatar lo que cualquier otro propietario se hubiese negado a aceptar. Intento descifrar información de esta maraña de sentimientos y de ira que invaden cada rincón de mi cabeza, para que logreis saber cómo me siento… como se siente. Y es que la victima de lo que voy a pasar a contar no es otro más que nuestro querido y nunca suficientemente enaltecido, astracán.

Todo ocurrió al medio día del sábado. Me había llamado Lourdes para invitarme a almorzar con ellos y mi madre en la cafetería de moda… sabeis cual, no? Eso es! El VIPS. Llegué un poco tarde y aparqué al siempre glorioso en la calle Marqués del Duero. Calle insigne, nada acomplejada a pesar de su escasa longitud, en la que se encuentra el Palacio de Linares y, lo que es mejor, a la vuelta de la esquina del VIPS donde habíamos quedado.

El almuerzo transcurrió de la forma normal en una cafetería de esta cadena, es decir: de forma surrealista. La parte más curiosa fue el paso del primer al segundo plato. Estaría bien que tuvieran una política uniforme en lo que se refiere a tratamiento de los cubiertos. O se los llevan todos o los dejan. Pero este batiburrillo de deja que te cojo no me parece adecuado. Se llevaron los cubiertos, pero a la hora de servir el segundo plato no nos pusieron cubiertos. Y a la hora de pedirlos nos preguntaron “¿Qué cubiertos hacen falta?”. Llenos de estupor ante semejante pregunta contestamos que todos. Al oir semejante respuesta nos miró el camarero con cara de estupor, como si quisiera decir “Pero qué insolentes! Acaparando los cubiertos!Igual quieren colapsar el servicio dispensador de cubiertos de esta insigne casa!”. Debió de costarle bastante elaborar ese pensamiento porque se quedó pensando un buen rato antes de traernos los instrumentos necesarios para continuar con nuestro almuerzo. Una vez salvado dicho escollo logramos terminar de llenar nuestros estómagos de forma adecuada para con nuestras necesidades energéticas.

Tras el pertinente pago volví, como haría cualquier dueño preocupado, a buscar a Astracán. El pobre se había tirado una hora y cuarto solo y no me parecía bien. Sin embargo, cuando llegué a verlo… el alma se me cayó a los pies. El pobrecito mantenía como podía su dignidad, nada indicaba en su rostro que algo fuera mal, sin embargo la realidad era uy distinta: tenía el cristal delantero izquierdo destrozado. Lo habían roto esparciendo los trozos de cristal por dentro del pobre vehículo. los cristales, como lágrimas solidificadas se esparcían por los asientos, el suelo… Tras el susto reaccioné mirando dentro. No habían robado ni la guia campsa, ni la radio con CD, ni las monedillas que tenía dentro… al mirar en el maletero (una de las cosas malas que tiene el cierre centralizado es que al abrir un pestillo abres todos, incluido el del maletero) descubrí con sorpresa que no se habían llevado nada. Enfadado por tanto desprecio hacia mis posesiones miré en el asiento de atrás y descubrí que me habían robado mi cazadora.

Oteé el horizonte y ví a unos obreretes -que por el color de su tez y acento al hablar deduje que eran de origen marroquí- trabajando en el remozado de un local que se encontraba justo en frente del coche. Fui a preguntarles y les noté extrañamente nerviosos. Al preguntarles si habían visto algo me dijeron que no, que debió ocurrir antes de las 3 (hora a la que volvían al trabajo). Esto era imposible porque yo había llegado a las 3.15. Me preguntaron qué era lo que me faltaba y dije que una cazadora. A lo que me contestaron “Igual es esa de ahí”. Una cazadora se encontraba en el suelo a escasos 10 metros de donde estábamos. Al acercarme comprobé que era la mía. Miré en los bosillos y comprobé que faltaba todo lo que tenía en ellos. “Esta sí que es buena -pensé- a saber qué era lo que tenía en los bolsillos”. En esto uno de los obreretes me dijo “Ahí dentro había este papel”. Y descubrí que tenía en sus manos un recibo del banco con mi nombre. Se lo quité extrañado y de pronto salió otro obrerete de dentro del local y me dijo “También dentro había esto”. Y me muestra todo lo que llevaba en los bolsillos.

Se lo recogí e hice balance: Alguien había roto el cristal del pobre Astracán, había cogido mi abrigo y lo había soltado a 10 metros del coche. Luego se había ido, momento que aprovecharon los obreretes para mirar dentro de los bolsillos y custodiar su contenido hasta la llegada de su legítimo dueño. Al ver que esa argumentación hacía, cuando menos, más aguas que la bodega del Titanic, decidí cambiar de argumentación: Estos obreretes me han abierto el coche y he llegado antes de que pudieran terminar su robo (estuve fuera menos de una hora. Entre que se deciden a hacerlo y a entrar…). Se me planteaba qué hacer. Eran 5 y yo solo uno, y mi seguro cubre estas cosas. Así que ni corto ni perezoso les dí las gracias por su información (no voy a ser yo quien esté en contra de la Alianza de Naciones de nuestro presidente) y empecé a retirar los cristales para poder sentarme. Mientras retiraba los cristales notaba como el pobre Astracán lloraba por la humillación sufrida. Aunque la verdad es que me extrañaba, porque la pérdida de un cristal no es para tanto. En cualquier caso lo limpié. Pero no podía quedarse aquello así. Tenía que llevar a Astracán a un Hospital para coches.

Con la inestimable colaboración de Maribel localicé un taller que abría hasta las 11 de la noche todos los días. El nombre era “Don Parabrisas”, es fácilmente deducible el tema al que se dedican. El logotipo de la empresa es de lo más cutre por lo que uno pensaba que sería un tallercillo de tres al cuarto. Sí, sí… de tres al cuarto! Un taller de lo más completo: con puerta con sensor, con sala de espera, con oficina de lujo… realmente esto de arreglar cristales da su dinero.

Dejé al desconsolado Astracán en sus instalaciones y me lo arreglaron en un pis pas. Cuando lo aparqué la primera vez tras recogerlo descubrí el motivo por el que el pobre Astracán estaba tan quejoso. ¡¡Habían mancillado su honor!! Me duele contarlo pero al pobree Astracán le habían metido un destornillados en la cerradura de la puerta delantera izquierda, saltando por los aires su orgullosa infranqueabilidad y desconectando la alarma de un solo plumazo. A Dios gracias la cerradura del copiloto seguía intacta y por ahí, y gracias al cierre centralizado, puedo cerrar con llave el vehículo y así evitar que los mendigos pernocten en el interior de mi querido coche.

Tengo que volver a llevarlo al Hospital mecánico. Se restablecerá de los daños físicos. Pero y de los daños Psicológicos… ¿cuando se recuperará?







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