22 Abr 2005

Maldición, tengo un ganglión!

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http://www.karlankas.net/blog/wp-images/ganglion.jpgHace unas semanas decidí que la salud era muy importante y que por tanto debería cuidarme un poco más. Así mismo inicié una campaña de amortización de la póliza de Sanitas. La unión de esas dos campañas es similar a unir una cerilla a un cartucho de pólvora. Decidí descubrir qué cosas eran las que tenía que hacer ver por un especialista. Después de mucho pensar llegué a la conclusión de que debería hacer lo que hace tiempo quise que me miraran un bulto que tengo en la muñeca derecha. La apariencia es similar a un hueso desencajado. Pero no lo está. Consultada Desi, la magnífica fisioterapeuta amiga de Maribel, me comentó que tenía toda la pinta de ser un Ganglión.

Durante muchos meses lo he tenido sin que me molestara, pero dada mi campaña de salud y habida cuenta de que últimamente me molesta bastante cuando estoy escribiendo (con un teclado. Porque con un bolígrafo no sé si me acordaré). Total que decidí llamar a un hospital que tengo enfrente de casa para pedir hora. Llamado al teléfono que aparecía en la página de Sanitas, me informaron de que ese no era el teléfono. Y yo me pregunto, si ese no es el teléfono para qué lo dan. Y si no lo es, por qué me preguntan mis datos, de qué compañía vengo, si he estado con anteriridad en ese hospital… Es como el chiste que contábamos de pequeños:
-”Perdone, ha visto a mi mujer?
- ¿Su mujer es rubia, con los ojos azules, delgada, con curvas…?
- Eso es! -Contesta el interrogador esperanzado.
- Pues no, no la he visto. Pero no se preocupe que seguro que me fijo”.

El caso es que me dieron otro teléfono al que llamar. Llamé y me atendió una señorita a la que, tras los saludos de rigor le pregunté si me tomaba datos para una cita con el Doctor Basch. Aunque en ese momento me asaltó la duda. Igual su nombre se pronuncia de otra forma… igual es alemán o algo. El caso es que me entendió y me contestó que estupendo. Y a partir de ahí empezó la misma retahíla de preguntas. Pero lo que más curiosidad le causó fue que nunca había visitado con anterioridad a dicho Doctor. Y tras preguntarme y comprobar que si llamaba es porque me pillaba cerca de casa me dió hora para 3 días más tarde.

Pasados los días, llegué al Hospital donde me contestaron que las consultas externas eran en otro sitio, en la otra punta de la manzana. Recorrí el camino mirando hacia todos lados a ver si era una cámara oculta. Ya que no era normal que me hicieran tantos cambios. Parecía que me estaban tomando el pelo: el teléfono, la dirección… Llegado al sitio en cuestión me hicieron subir al segundo piso. Una vez allí había dos enfermeras: una con bata blanca y otra con bata azul. Este dato me hizo pensar en que tal vez, en el mundo enfermeril, hay categorías según la bata que lleves. Algo así como los cascos en las construcciones. Pero viendo a esas dos enfermeras -y en caso de que mi teoría fuera cierta- no lograba deducir cual de las dos era la de más categoría. Al verme llegar todo trajeado se extrañaron. Se ve que se sorprendían de que alguien no se tomara toda la mañana libre para ir al médico. Me interrogaron respecto a mis intenciones y me hcieron esperar un poco. Pasado ese tiempo la enfermera de azul (por si sirve el dato) me preguntó de nuevo todos los datos que ya me habían preguntado dos veces más (me gustaría saber dónde se aplica la Ley de protección de datos): Mi nombre, mi dirección, el motivo de la consulta… etc etc. Una vez rellenada la ficha me hizo esperar un poco y -por fín- me llevó delante del médico. Era muy pronto por lo que había poca actividad (prácticamente nula) aun así, la enfermera se quedó dentro simulando mirar unos archivos. Pero yo sé que tenía curiosidad de saber qué mal le aquejaba a aquel chico trajeado que llega al traumatólogo andando por su propio pie, sin tener aparentemente ninguna lesión y que tan pacientemente contestaba a sus preguntas.

El Doctor, un señor de mediana edad de aspecto afable, al verme me interrogó respecto al motivo de mi visita. Menos mal que no me preguntó el nombre ni la dirección porque le habría mandado a paseo. Por toda respuesta saqué el brazo y le enseñé el bulto de la muñeca. Durante dos décimas de segundo se apreció una expresión de decepción en el rostro del médico que en seguida transformó en una sonrisa al tiempo que decía “Hombre! Un ganglión!”. A partir de ese momento me soltó una charla que por su buena estructura y contenido se notaba que había sido recitada tantas veces que ya se la sabía de memoria. Me hizo un resumen de todos los remedios que habían aparecido a lo largo de la historia de la medicina para resolver el más burdo y común de los problemas traumatológicos (como comprendí en cuanto empezó a hablar). Al final terminó diciendo que la mejor solución era la cirujía pero que para ello el ganglión tenía que estar muy grande y maduro. hice resaltar el tamaño del mío doblando la mano hacia dentro. Al verlo el médico me dijo que sí, que estaba grande pero no duro. Y si no estaba duro no era maduro y por tanto no compensaba quitarlo. Le comenté que era mi intención quitármelo a lo que me contestó que aún no era recomendable. Que mejor esperara un poco. Que no le daba la gana, vamos de meterse en una operación con esa historia. Eso sí, me pasó la vista por el seguro. Probablemente fuera la visita de seguro que más había amortizado hasta el momento. Me despachó en 2 minutos. Y noté en mi espalda la mirada de decepción que me lanzaba la secretaria desde su disfraz de persona ocupada.

Humillado por el simple hecho de tener algo poco memorable salí de la consulta pensando en que mi fiebre de defensa de la salud se había acabado. Si los médicos no se tomaban mi pobre ganglión, que era la joya de la corona de mis achaques, con la suficiente seriedad cómo se iban a tomar el resto de los mismos? Así que di carpetazo a mi intento de amortizar la póliza de seguro de servicios médicos.

El caso es que me molesta… me parece que ya está maduro. Voy a tener que volver a la consulta… porque este médico me opera como que me llamo KarlanKas!