Hay que ver como cambian las cosas. Hace unos años uno sólo se acordaba de los chinos cuando alguien trabajaba mucho o era engañado de forma flagrante o, incluso, cuando no entendía algo. Sin embargo de un tiempo a esta parte los chinos están cada vez más presentes. Empezaron con los restaurantes (aún recuerdo el magnífico restaurante chino que había al lado de casa), esos restaurantes cuyos nombres evocadores ocultaban una cocina donde sólo había cerdo, pollo y una mezcla de los dos a la que llamaban pato. Continuaron con las tiendas de todo a cien, unas tiendas que abren 24 horas y que nos dan más de un susto ya que, como todos los chinos se parecen tanto, nos da la impresión de que el mismo chino es el que se pasa los siete días de la semana delante del mostrador. Sin embargo, una vez ví como cambiaban de turno, por lo que puedo decir que los chinos, a pesar de tener los ojos así, también duermen.
Por último han aparecido vendiendo discos piratas inventando el novedoso sistema de venta a domicilio (siendo el domicilio el bar más cercano). Realmente cuesta decir que no a alguien que sonrie tanto. Yo creo que se valen de eso para vender más. Te miran con esos ojitos y a ver quién es el guapo que dice que no. (more…)




