28 Jun 2006

Día Fatídico

Archivado en: (Tardarás en leerlo 3 minutos con 29 segundos)

http://www.karlankas.net/blog/wp-images/desolacion.jpgAyer tenía que haber sido un buen día: España jugaba octavos contra Francia y seguramente haría un buen partido. Además, por si eso fallaba, iba a firmar por fín la escritura de compraventa de la casa (bueno, y también la hipoteca). El caso es que tras un duro día de trabajo y de una opípara comida en casa de mi hermana Lourdes, fui a buscar a Maribel para presentarnos en la Notaría.

Una vez dentro saludé a la Oficial que había hecho todo el trabajo de redactar la escritura y le dí las gracias por ello, luego estuvimos hablando con Ruth, la representante de la inmobiliaria que nos enseñó un fajo de llaves que nos impresionó. Por lo menos había ahí 20 llaves. Ni San Pedro en sus mejores sueños pudo pensar ningún día en la posibilidad de tener tantas llaves para abrir las puertas del cielo. Ante nuestra sorpresa se sonrió y nos dijo que cada una abría una puerta. Lo cual me hizo fantasear con la idea de que las promotoras dieran 20 llaves y sólo una abriera la puerta de la casa de uno. Sería una buena broma, la última tras la broma de poner que la casa se entregaría en abril. El caso es que como estábamos tan contentos no le dimos importancia a los posibles agujeros que ibamos a tener en los bolsillos.

Luego llegaron los representantes de cajamadrid que empezaron a hablarnos de las maravillas del préstamo que habíamos hecho con ellos. Que el oso perdía dinero con hipotecas como la nuestra, lo cual fue un intento loable de dejar en buen lugar a una entidad de crédito pero tan increible como la posibilidad de que Espinete fumara crack. Luego vino la explicación del seguro de la casa. Claro, si con la hipoteca pierden dinero tienen que ganarlo con algo y ese algo se llama “Seguro todo riesgo de hogar”. Comenzó a explicarnos que cubría absolutamente cualquier cosa que nos pudiera pasar en la casa, tanto de forma negligente como de forma culposa, tanto de forma fortuita como de forma intencionada, nos puso el ejemplo de la caida de una televisión o de la rotura de las gafas de un invitado por sentarse uno encima (en este caso cubriría el comprar unas gafas nuevas como el coserte el corte causado por dicho fatídico acto). El caso es que nos planteaban situaciones absurdas y de dificil planteamiento en una casa normal y siempre el resultado era el mismo: te lo cubre. Hartos de oir tanta cosa magnífica (aquello empezaba a parecer un anuncio de Colón) le preguntamos cual era la cuota anual y los dos se miraron y armados de valor nos lo dijeron. Tras oirlo guardamos un respetuoso silencio (al oir determinadas cantidades uno debe casi arrodillarse) y empezamos a preguntar el por qué de tan gran precio a lo que contestaron que era porque sencillamente era el mejor. Así que, como estábamos deseando firmar dijimos que sí. También nos colocaron un seguro de vida que no era nada caro y que hacía que Maribel se planteara la posibilidad de comenter un novicidio (esto último lo digo tras ver con qué cara me miraba tras oir la recompensa que se llevaría si la espichaba). Luego nos dieron los cheques por la cantidad pedida (estuve tentado de cogerlos y salir corriendo).

Tras oir todo esto firmamos un montón de papeles y nos preparamos para la llegada del Notario. Una vez llegó nos sentamos todos y firmamos la hipoteca para pasar a leer la compraventa, al llegar a un punto de la misma los representantes de Cajamadrid pidieron un comprobante que la Caixa (inicial acreedora de la promotora) no tenía, por lo que dijeron que no firmaban y como no firmaban ellos la promotora tampoco porque no recibía el cheque y como la promotora tampoco firmaba pues el notario tampoco y como ninguno estaba dispuesto a firmar Maribel y yo nos miramos y dijimos “Vaaale, muy bieeen! Pues no firmamos nosotros tampooco!” y me tocó devolver el manojo de llaves, los cheques al banco, la escritura al notario y la ilusión a la esperanza (que se lo había sacado de dentro para que me pudiera dibujar una bonita sonrisa en mi cara).

Total que abatidos por no poder ir a ver nuestra casa, nos fuimos a ver el partido de España en un bar que tenía 4 televisiones de plasma, pero que nos tocó verlo en una televisión costrosa de las de antes de 15 pulgadas. Hacía frío. Pedimos unos aritos de cebolla y estaban fríos. De camino al bar nos dimos cuenta de que nos habían puesto una multa que logramos anular in extremis. Empezó el partido y entre estornudo y estornudo vimos el fracaso de nuestra selección. Totalmente desolados por tan fatal desenlace del día nos fuimos a dormir con la certeza de que hoy iba a ser mucho mejor día. Veamos que nos depara el final del mismo…







Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Gestionado con WordPress