30 Ago 2006

Las cosas más extrañas

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http://www.karlankas.net/blog/wp-images/cajero.jpgRealmente estoy impresionado con las situaciones que se me presentan en la vida. Todos hemos tenido situaciones extrañas, pero algunas mías -y perdonad mi falta de modestia en estos temas- superan cualquier parangón. Tan surrealistas son algunas situaciones que a veces me siento el personaje de una novela de Eduardo Mendoza o de Gabriel García Márquez.

El pasado lunes por la noche, a eso de la una de la madrugada, volvía a casa tras haber estado tomando una cervecita con Christian y con Carmen por la plaza de Lavapies (para los que no lo sepan, Lavapies es un barrio muy animado por unas partes y extremadamente solitario por otras). Iba por una calle solitaria cuando de pronto un hombre de clara ascendencia norteafricana viene corriendo hacia mí diciendo no sé qué frase en español salpicado de “ges” guturales. En ese momento mi cerebro se puso en marcha: “Huyo? No puedo porque no he ha hecho nada todavía. En caso de que me haga algo tampoco me apetece salir corriendo que eso cansa mucho. ¿Cuánto dinero llevo? un billete de 5 yy… monedass… unos 10 euros. ¿Pagaría 10 euros por no correr? Sí, creo que sí. Así que si me pide el dinero se lo doy tan campante y fuera. Si trabajo es para permitirme estos pequeños caprichos: no correr cuando me atracan”. Al decidir que no iba a salir corriendo me puse en actitud un tanto defensiva (no vaya a ser que me pegue o algo).

El hombre me señaló un cajero de la Caixa que había al lado así que le acompañé (¿cómo puede saber el cabrito que sólo tengo 10 euros…? Va directamente a que saque el dinero del cajero!). Cuando llegamos allí se hurga en el bolsillo (¡Ya está! Ahora me saca la navaja!) y saca una libreta de la caixa, la mete por la rendija correspondiente, me mira y me pregunta “Y ahora?” mientras se encoje de hombros. Creyendo que empezaba a entender lo que quería le pregunto “Quieres sacar dinero?” y me contesta “Sí, meto elg númegjo?”. Entonces le contesto “No, primero pon cuanto quieres sacar”. Y veo que el hombre saca el movil, consulta en la agenda una entrada que sólo él conoce y pone en el campo de la cantidad 1298. Al principio pensé que era una cifra un poco extraña para sacar de un cajero, pero luego me dí cuenta de que ese era el pin de su libreta. Entonces le volví a hablar:”No, tienes uqe poner cuanto… ¿Cuanto? ¿cuanto dinero?” mientras me frotaba el dedo índice con el pulgar. El hombre por fín comprendió: “Ah! ’sincuenta’, quiero ’sincuenta’ ‘uros’”. Entonces le marco 50 euros y le digo “Ahora puedes poner el pin”. El hombre todo emocionado empieza a consultar el teléfono y con gran secretismo (sin darse cuenta de que yo ya había visto la cifra cuando lo tecleó como cantidad a sacar) pulsó las teclas. Transcurridos unos segundos de tensa espera logró sacar sus 50 euros y la libreta. Con el dinero aún en la mano se empezó a golpear suavemente el pecho diciendome “grasias, muchas grasias!!”. Sintiéndome un poco mal por haber dudado de este pobre hombre le dije que no era nada.

El hombre crecido por la reciente confianza adquirida me suelta una parrafada de la que sólo entiendo “shica”. Le digo que no entiendo y me lo repite más despacio. Me preguntaba si sabía si había algún lupanar en las proximidades. Dando gracias al cielo por no saber dónde había ninguno y temiendo que insistiera en invitarme (imaginaos lo que se podrá conseguir con solo 25 euros) le dije que no sabía. Él puso cara de decepción y me dijo que era Saharaui (habitante de la antigua colonia española en África que perdimos tras la Marcha Verde) y que amaba España, que llevaba 8 años aquí y que no se iba por nada del mundo. Yo contrariado por ver que tras 8 años en España apenas chapurreaba el español le mostré mi alegría al ver que era saharaui, le dí la mano por enésima vez y nos despedimos.

Realmente me quedé perplejo. Nunca antes me había pasado nada parecido, y creo que nunca más me volverá a pasar…







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