Por mucho que pensemos que nada será capaz de sorprendernos, siempre llega un acontecimiento que tiene la facilidad de dejarnos con la boca abierta. Ya ocurrió cuando siendo niños descubrimos la facilidad con la que nuestros abuelos nos quitaban la nariz y nos la volvían a pegar sin causarnos dolor alguno, ya ocurrió cuando ya más mayores descubrimos que los Reyes Magos habitaban en nuestra propia casa, y pensamos que nunca jamás volveríamos a sorprendernos cuando descubrimos que existían bolígrafos cuya tinta se podía borrar. Pero, ay pobres de nosotros, la capacidad de sorpresa no conoce límites en la especie humana. Parece mentira que con 4 palabras se me puede sorprender a mí, a la persona que descubrió que el ratoncito pérez no sólo no era un ratón sino que además no se apellidaba pérez (en realidad es la gallina caponata, pero eso ya se comentará en otro artículo de este blog porque tiene miga). ¿Y cuál es el motivo que tanto me ha sorprendido? (more…)




