Ayer ocurrió algo terrible, una de estas cosas que en un principio parecen motivo de alegría para luego tornarse en algo amargo como la hiel. Un mazazo de estos que uno no se espera.
Resulta que monté en el bus para ir a mi casa. Para mi alegría observé que había sitios de sobra para sentarme. Lo que en un principio fue alegría se tornó en curiosidad cuando ví que los sitios que estaban libres eran los que estaban al lado de la ventana de la izquierda, según el sentido de la marcha. Observando un poco más aprecié que en esos sitios era donde daba todo el calor de las 4 de la tarde. Tras observar a los que estaban sentados en el lado del pasillo decidí sentarme al lado de un señor con presencia un tanto adiposa y un maletín sobre sus rodillas. ¿Por qué lo hice? No sé, desde que era un chavalín, en estas situaciones siempre me gusta hacer levantar al que menos ganas parece que tiene de dejar pasar. Llamadlo castigo por su falta de colaboración o llamadlo mala baba. Pero el caso es que le hice levantar y pasé y me senté.
En seguida comencé a sentir los efectos del sol a través del repugnantemente transparente cristal que tenía a mi izquierda. La corbata se alió con el traje y con el sol de forma que atracaron los poros de mi piel haciendoles soltar todo el sudor que llevaban ahorrado hasta la fecha. Para colmo de males, fui viendo cómo los sitios de alrededor (con sombra y sin ella) iban quedando vacíos. Todo el mundo se fue bajando. Todos menos mi monolítico compañero de banco. El cual formaba con su sebo y su maletín (dicho sebo en el tono menos discriminante posible… si el chico estaba gordo qué le voy a hacer?) un muro infranqueable que con solo mirarlo me quitaba las ganas de intentar traspasarlo.
Llegó un punto en el que el autobús estaba completamente vacío a excepción de este señor. Empecé a pensar que por fín sabía lo que sentía un pollo mientras se le asaba y, al mirar a este tipo, en lo que pensaría al mirar la puerta del horno. Llegó un momento en que pensé que moría de calor. Y me imaginaba los comentarios de la gente:
- Pobre chico, y cómo ha muerto?
- Pues de calor!
- Claro, si es que con estas temperaturas y los autobuses que van tan llenos…
- No si sólo había otro más en el bus! Y además iban con el aire!
- Virgen Santa!
Y es que estaba el aire encendido, pero es un aire que debe tener complejo de vampiro o de licántropo. Porque en cuanto hay dos rayitos de sol, si estás al lado de la ventana, pierde totalmente todas sus extraordinarias facultades. El caso es que estaba pensando ya en romper el cristal de la ventana para escaparme de semejante tormento cuando mi guardián decidió sentarse a la derecha, en el otro lado del pasillo. Libre por fín de mi carcelero me desplacé a la derecha al sitio que estaba justo delante de él. En un banco con un solo asiento y sombrita.
Estaba comenzando a reponerme cuando sonó el movil. Lleno de curiosidad por ver quien era descolgué el aparato… bueno, no lo descolgué porque no estaba colgado, simplemente pulsé una tecla verde que, según ponía en las instrucciones era para contestar una llamada e iniciar la conversación siempre y cuando se pusiera la oreja sobre el “parlante” y la voz se dirigiera al “microphono”. El caso es que hice todo es0 y empezó una conversación:
- Señor de Sagorta?
- Sí, soy yo, y es de Sagarra.
- Soy del taller, ya tiene arreglado su coche.- En seguida reconocí la voz del que me pareció una hiena. Era el dueño del taller. Lleno de alegría le contesté:
- Ah, que bien! Eran los manguitos al final?
- Sí, eran las tuberías de drenaje y circulación del líquido refrigerante. -He de confesar que un nombre tan formal me mosqueó un poco. Me recordó al anuncio de Lotería nacional en el que un tipo decía “A mi antes todo el mundo me llamaba Pepe. Desde que me tocó la lotería todo el mundo me llama Don José!”.
-Ah! perfecto! Menos mal! Y me puede decir a cuanto asciende la factura?
- Sí, por supuesto! Son 134 euros con 20 céntimos.
- Perdón?
- 134 con 20 -entonces lo comprendí todo. Si te cambian un trozo de goma que sirve de canal para el transporte del líquido refrigerante por el motor y te cobran 30 euros te están cambiando un manguito. Pero, si te cambian un trozo de goma que sirve de canal para el transporte del líquido refrigerante por el motor y te cobran 134 euros te estan cambiando la tubería de drenaje y circulación del líquido refrigerante por el interior del motor y de parte del extranjero.
- Me va a perdonar, pero creo recordar que usted me dijo que los manguitos, tirando por alto, no serían más de 20 euros cada uno.
- Es que no sólo le hemos cambiado las tuberías! -me contesta indignado. Insistiendo en la condición de la labor realizada de obra comparable a la del El Escorial- Le hemos limpiado el circuito de refrigeración del motor, hemos vaciado el líquido del motor, hemos puesto anticongelante…
- Ya, pero todo eso no creo que necesite más piezas que un par de manguitos…
- Es que ha sido la mano de obra! Ha habido un mecánico con su coche 2 horas y media limpiando el motor y luego probándolo para ver si se recalentaba. De mano de obra han sido 88 euros!
- Me está diciendo que me ha cobrado 88 euros porque un mecánico se haya dado un par de vueltas con mi coche? Eso me lo decía a mí y lo hacía gratis.
- Mire usted, hemos limpiado el depósito con agua a presión, hemos llenado el depósito de líquido anticongelante, hemos probado que nada más fallara…-El pobre lo repetía como el preso de guerra repite su nombre, graduación y número.
- Me va a perdonar pero es que yo de motores no entiendo nada, pero a ojo de buen cubero me parece un dispàrate lo que usted me está cobrando- le dije con la seguridad propia de la persona que sabe que su interlocutor está muy nervioso por la insistencia del que tiene al otro lado.
- Pues es lo que hay -me contesta harto ya y sabedor de que si no le pago me quedo sin el coche.
- Le agradezco todas las molestias causadas -le dije yo sabedor de lo mismo que él.
Total que llegué a casa, cogí el dinero y le fui a pagar. Una vez allí me estuvo explicando lo que le habían hecho, mostrándome los dos manguitos cambiados, los que había… y la factura. La pagué con todo el dolor de mi corazón y me quedé pensando en lo triste y doloroso que se puede volver algo tan alergre en principio como es que le devuelvan a uno el coche.
Tras sacarlo del taller me fui a intentar aparcarlo. Cosa del todo imposible a esas horas en mi lugar de residencia. Tras muchas vueltas me llamó Ferdy para decirme que estaba con Christian en la cafetería de El Corte Inglés de Princesa tomando algo. Ni corto ni perezoso, y con la ilusión de conocer en persona a Ferdy me fui para allá. Llegué, aparqué en el aparcamiento y estuve con ellos un ratito. Poco porque había quedado a las 7 (eran las 6) con Maribel para ir a buscarla al trabajo. Lo poco que hablé con ellos lo pasé muy bien. Realmente me dió rabia irme tan rápido. Sobre todo por lo que vino a continuación: un atasco!!
De acuerdo, me emocioné al principio. Estrictamente era mi primer atasco gordo y eso emociona. Pero en seguida perdió la novedad y se volvió en una asquerosidad. Media hora en cea bermudez en mitad de un atasco. Por fín logro salir a la carretera. Recojo a Maribel yyyyy… nos metemos en un atasco en la carretera de Burgos de UNA HORA! Normalmente son 10 minutos… pues tardamos 6 veces más! Desesperante!
Es curioso esto de los atascos… te permite observar cosas que de otra manera no serían visibles. Es como ver una película a camara lenta. Ves los perdigonazos de baba con los que riega un actor a otro cuando habla… ves los fallos en las escenas de acción… en nuestro caso vimos como un motorista aparcaba su vehículo y luego abría la puerta de un coche de al lado y se ponía a hablar con el conductor… cómo0 un coche recalentado ponía sus 2 triángulos a 5 metros del coche… yo creo que los ponía tan cerca para que no se los robaran. Hay tanto chorizo…
También vi lo que es abrir una vía en tu posición de la cola. Consiste en dejar pasar un coche y que este a su vez deje pasar a todo hijo de vecino por delante de él. Joé! si estás agradecido conmigo no se lo pagues a desconocidos!!
El caso es que logramos llegar a casa sanos y salvos. Esto de los atascos es horroroso, el llevar el coche al taller un infierno, pero… sobreviviré!