Realmente estoy impresionado con las situaciones que se me presentan en la vida. Todos hemos tenido situaciones extrañas, pero algunas mías -y perdonad mi falta de modestia en estos temas- superan cualquier parangón. Tan surrealistas son algunas situaciones que a veces me siento el personaje de una novela de Eduardo Mendoza o de Gabriel García Márquez.
El pasado lunes por la noche, a eso de la una de la madrugada, volvía a casa tras haber estado tomando una cervecita con Christian y con Carmen por la plaza de Lavapies (para los que no lo sepan, Lavapies es un barrio muy animado por unas partes y extremadamente solitario por otras). Iba por una calle solitaria cuando de pronto un hombre de clara ascendencia norteafricana viene corriendo hacia mí diciendo no sé qué frase en español salpicado de “ges” guturales. En ese momento mi cerebro se puso en marcha: “Huyo? No puedo porque no he ha hecho nada todavía. En caso de que me haga algo tampoco me apetece salir corriendo que eso cansa mucho. ¿Cuánto dinero llevo? un billete de 5 yy… monedass… unos 10 euros. ¿Pagaría 10 euros por no correr? Sí, creo que sí. Así que si me pide el dinero se lo doy tan campante y fuera. Si trabajo es para permitirme estos pequeños caprichos: no correr cuando me atracan”. Al decidir que no iba a salir corriendo me puse en actitud un tanto defensiva (no vaya a ser que me pegue o algo). (more…)

Ayer tenía que haber sido un buen día: España jugaba octavos contra Francia y seguramente haría un buen partido. Además, por si eso fallaba, iba a firmar por fín la escritura de compraventa de la casa (bueno, y también la hipoteca). El caso es que tras un duro día de trabajo y de una opípara comida en casa de mi hermana Lourdes, fui a buscar a Maribel para presentarnos en la Notaría.
Por fin llegó el gran día. Llegamos a los aledaños del lugar del concierto como 2 horas antes pensando que no podríamos aparcar y que la cola daría varias vueltas al palacio de congresos. Sin embargo, ante nuestra sorpresa, aparcamos en la puerta y vimos que no había nadie en la puerta, por lo que nos fuimos a cenar algo, ya que -infelices- pensamos que el concierto iba a ser de pie y que con los botes que íbamos a dar acabaríamos con más hambre que Carpanta. La cafetería a la que fuimos tenía una peculiaridad: tenía tortillas de todo tipo. Pero además las llamaba de una forma peculiar. Por ejemplo, la tortilla de chorizo la llamaba “Tortilla a la francesa con chorizo” supongo que pretendían que el nombre sonaba mejor así. Pedimos un sandwich de jamón y queso para Maribel y un montadito de lomo con queso. Cuando lo pedí me dijo Maribel que tal vez iba a ser poco solo un montado. Cuando lo trajeron me tuve que santiguar. ¡Madre mía! ¡¿si eso era el montado cómo sería el bocadillo?! Con todo el esfuerzo logré comerme la primera mitad. Pero la segunda tuve que dejarme el pan. Encima tenía cebolla frita (que estaba muy buena pero complicaba sobremanera la ingesta del bocadillo). Tras intentar que no se notara mucho lo hinchado que estaba salimos del bar.
El pasado jueves fui a un concierto de Los Secretos. Es cierto, esta frase la podía haber dicho hace diez o veinte años sin que sonara tan extraño como suena ahora. Tal vez el motivo de esta extrañeza sea simplemente ese hecho, es decir, que hace 20 años pudiera haber dicho exactamente lo mismo. Y es que ya no somos ningunos chavales, ni los secretos ni yo. Y como yo, el 80 por ciento de los seguidores de dicho grupo. Como consecuencia de ello, el entorno elegido fue un tanto peculiar. El lugar es uno que siempre me ha recordado mi capacidad innata para quedarme colgado en determinadas circunstancias (yo y toda la chavalería), este sentimiento toma su base en alguna fiesta de fin de año que tuvimos a bien (por falta de imaginación) pasar entre sus cuatros paredes. Para mí es muy duro reconocer que el sitio en cuestión es el Palacio de Exposiciones de Madrid.



